
Cómo ser pintor impresionista y no morir en el intento
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Novela Gráfica
- Fecha 1 de febrero de 2024
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- Etiquetas #CómicsconHistoria, Geografía e Historia 4º ESO, Historia del Arte 2º Bachillerato, Impresionismo, Monet, Novela gráfica, Ricard Efa, Salva Rubio
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Edición original: Monet. Nomade de la lumière (Dargaud-Lombard, 2017) |
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Edición nacional: Norma Editorial, 2017. |
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Guion: Salva Rubio |
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Dibujo: Ricard Efa |
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Color: Ricard Efa |
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Traducción de prefacio y dosier: Elisabeth Falomir. |
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Realización técnica: Martín Garcés. |
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Formato: Tapa dura, 112 páginas. |
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ISBN: 9788467926705 Precio: 22€ (MONET. NÓMADA DE LA LUZ – Norma Editorial) |
Sinopsis:
Monet. Nómada de la luz es una novela gráfica que nos cuenta los primeros 43 años de vida de Claude Monet (París, 1840-Giverny, 1926), padre del Impresionismo, mostrándonos no solamente sus años de formación, sino también sus relaciones en el mundo del arte, principalmente su lucha constante para poder hacerse un hueco en un mundo tan competitivo como el de la pintura en el París de 1860-1880, completamente dominada por la pintura académica.
La principal dificultad que tuvo que soportar Monet durante muchos años de su vida fue la falta continua de recursos para poder vivir sin grandes penurias y sobre todo sin tener que plegarse a los designios del mercado del arte, que en aquellos años venían muy marcados por lo que se dictase desde el Salón de París. Este ejercía una tiranía académica sobre todos los artistas que quisieran prosperar.
Además, la competición del Salón no era una cuestión simplemente meritocrática con base en unos criterios académicos, sino que las relaciones sociales del artista en cuestión tenían un papel decisivo a la hora de que un autor consiguiera o no el reconocimiento que iba buscando.
En la novela gráfica vemos cómo existía una rebeldía intrínseca en Monet y entre sus compañeros de viaje, que se oponían a las rígidas normas académicas y que acabaron formando una asociación independiente para poder realizar sus propias experimentaciones estéticas con libertad.
De esta unión surgió el Impresionismo y, aunque Monet no fue el único autor del grupo, sí que fue siempre el que más personalidad artística tuvo, por lo que se le vio durante años como su líder natural, sobre todo cuando el crítico de arte Louis Leroy (París, 1812-París, 1885) le dejó señalado con su crítica lapidaria: “¡Debí suponerlo! Acabo de decirme a mí mismo que cuando estoy impresionado tiene que haber una impresión. ¡Y qué libertad, qué ligereza de pincel! Un tapiz en estado original está más elaborado que esta marina” (Le Charivari, 24 de abril de 1874).
Otros miembros del grupo original eran Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), Alfred Sisley (1839-1899), Camille Pisarro (1830-1903) o Frédéric Bazille (1841-1870), aunque estamos hablando de un grupo que fue muy fluctuante a lo largo de las ocho exposiciones colectivas que realizaron entre 1874-1886.
Por lo tanto, esta obra de Salva Rubio (1978) y Ricard Efa (1976) es un ejercicio concienzudo de Historia del Arte, porque nos enseña sin tapujos lo que fue la vida del joven Monet, con sus dudas, sus problemas personales, sus penurias económicas y los límites estéticos que no estaba dispuesto a traspasar, al tiempo que nos enseña perfectamente lo que suponía estar a la vanguardia artística en la Francia del II Imperio (1852-1870).
Podemos sentirnos afortunados porque el Monet de Rubio y Efa no es el típico retrato del artista rebelde y maldito que vino de la mano del Romanticismo, sino que sus autores se han preocupado por analizar los diferentes experimentos estéticos que le llevaron a convertirse en uno de los padres del arte contemporáneo y a que su manera de pintar sea una de las más reconocibles y aclamadas actualmente en el mundo.
Contexto histórico:
Cómo Oscar-Claude Monet se convirtió en Monet
Al igual que ocurre con todos los autores consagrados, siendo además grandes referencias de la Historia del Arte, el proceso de entrar en el canon no es para nada sencillo. Muchas veces eso sólo se produce después de la muerte del artista, pero en el caso de Monet no fue así ya que de manera excepcional disfrutó del éxito en vida, aunque como hemos visto, le costase muchos años de ir a contracorriente, ansiedad y penurias económicas.
No deja de ser curioso que un artista que dedicó su vida a la pintura de paisaje al aire libre (lo que se conoce como plenairismo), comenzase realizando obras con figuras en las que destacase por su pericia en el retrato y en la captación física y psicológica del personaje.
Como bien señala la novela gráfica de Rubio y Efa, Eugène Boudin (Honfleur, 1824-Deauville, 1898) fue una figura fundamental para que Monet se encaminase al mundo de la pintura y más concretamente del género que le consagraría como uno de los grandes renovadores del arte de la segunda mitad del s.XIX y del primer cuarto del s.XX. De hecho, hay constantes declaraciones de Monet, cuando Boudin ya había fallecido, aludiendo a ello en diferentes entrevistas:
- En 1900 le dice a François Thiébault-Sisson: “con una inagotable bondad [Boudin] se hizo cargo de mi educación”.
- En 1911 le escribe a Georges Jean-Aubry: “si me he dedicado a la pintura, se lo debo a Boudin”.
- En 1920 le comenta a Gustave Geffroy: “Lo he dicho y lo repito: todo se lo debo a Boudin”.
Sin duda fue fundamental para Monet la visita que recibió en el verano de 1885 del pintor norteamericano John Singer Sargent (Florencia, 1856-Londres, 1925), con quien además de mantener una duradera amistad, fue el primero de los pintores norteamericanos que vieron en Monet al líder del arte moderno, alguien a quien había que visitar para aprender a pintar con el nuevo lenguaje que este había proporcionado al mundo del arte.
Ello hizo que Monet en los siguientes años recibiera las visitas de muchos otros pintores norteamericanos que venían a experimentar lo mismo que Sargent. Tanto es así que dos de ellos acabaron casándose con hijastras de Monet y que la afluencia de estos fue tan común que Monet estuvo pensando en cambiarse de domicilio antes de comprar la casa de Giverny en 1891 porque había perdido el sentido de la privacidad. Posiblemente el más interesante de los pintores norteamericanos que pasaron por Giverny fue John Leslie Breck (Hong-Kong, 1860-Boston, 1899), quien realizó una serie de almiares a diferentes horas del día, varios años antes de que Monet realizase su famosa serie sobre la Catedral de Rouen (1892-1894).
No obstante, de dicha relación también salieron buenos frutos para Monet, dado que tanto Sargent como la pintora Mary Cassatt (Pensilvania, 1844-Le Mesnil-Théribus, 1926) fueron los grandes introductores de los pintores impresionistas entre los grandes coleccionistas de arte norteamericanos, como la familia Havemeyer, que eran quienes dominaban el negocio azucarero en los Estados Unidos tras la guerra hispanoamericana de 1898. En el caso de Monet, pudo vender la serie del Valle de la Creuse en Estados Unidos en 1889 gracias a la intervención de Sargent.
Otro conocido de Sargent, William Merritt Chase (Indiana, 1849-Nueva York, 1916) también quedó cautivado por la mirada de Monet, tanto que en abril de 1886 ayudó a promover en Nueva York en colaboración con el marchante Paul Durand-Ruel (París, 1831-París, 1922) la exposición de los impresionistas franceses en The National Academy of Design de Nueva York, en la que se exhibieron obras de Degas, Pissarro, Caillebotte, Monet e incluso Manet, que aunque nunca perteneció al grupo impresionista quedó asociado a este desde entonces. La exposición fue un éxito y ayudó a establecer una buena reputación para los impresionistas fuera de Francia, porque allí todavía no estaban consagrados. Asimismo, Chase también estuvo entre 1891-1902 dando clases de pintura impresionista en las playas de Long Island en Nueva York durante los veranos. Esta sería la primera vez que Monet influiría directamente en el arte norteamericano, pero no la última.
Mientras que Monet y los impresionistas se fueron haciendo un mercado en los Estados Unidos, en Francia todo era más complicado porque había fuertes reticencias hacia su pintura. De hecho, sus pinturas no entraron en las colecciones del Estado francés hasta el affaire Caillebotte en 1894, en el que el pintor impresionista Gustave Caillebotte (París, 1848-Gennevilliers, 1898) a su muerte legó al Estado casi sesenta pinturas de los grandes maestros del Impresionismo.
Ello produjo un gran escándalo, ya que figuras tan importantes dentro de la pintura académica como William-Adolphe Bouguereau (La Rochelle, 1825-La Rochelle, 1905) o Jean-Léon Gérôme (Vesoul, 1824-París, 1904) intentaron boicotear la donación provocando una dimisión en bloque de la Junta Directiva de la Escuela de Bellas Artes. El propio Gérôme llegó a decir en una entrevista en aquellos días: “No conozco a esos señores y de esa donación sólo conozco el título… ¿Hay ahí pintura de Monet, no es verdad?, ¿de Pisarro y compañía? Para que el Estado haya aceptado semejantes basuras hace falta un gran relajamiento moral”**.
Finalmente, y con el paso del tiempo, Monet vio cómo al tiempo que sus compañeros de aventuras iban desapareciendo (Boudin en 1898, Sisley en 1899, Pissarro en 1903, Degas en 1917, Renoir en 1919), él cada vez tenía una situación económica más privilegiada, no llegando a comprender los precios que se pagaban por sus obras en Nueva York. No obstante, ello le permitió viajar mucho más y plantear novedades estéticas a través del uso de la luz o crearse un entorno ideal en su casa de Giverny, en la que el arte y la naturaleza se dan la mano.
Aquellos años favorables le permitieron reencontrarse con figuras de la política francesa como Georges Clemenceau (Mouilleron-en-Pareds, 1841-París, 1929), primer ministro francés en dos ocasiones a principios del s.XX y a quien Monet el día después del armisticio de la I Guerra Mundial (12 de noviembre de 1918) le escribió para decirle: “Estoy a punto de terminar dos paneles decorativos que quiero firmar el día de la Victoria, y deseo ofrecerlos al Estado mediante su intervención”.
Finalmente, el acuerdo entre Paul Léon (Rueil-Malmaison, 1874-Chantilly, 1962), director de Bellas Artes, y Monet tuvo lugar en 1922 y consistió en un total de 19 paneles de muy grandes dimensiones (a pesar de que Monet había padecido cataratas en 1912 y ya tenía importantes problemas de visión), que se acabaron instalando en 1927 en dos salas elípticas que también fueron diseñadas por el propio artista.
Dicha instalación póstuma convirtió a Monet con el paso de los años en uno de los precursores de la pintura abstracta, lo que fue reconocido por una nueva generación de pintores norteamericanos como Mark Rothko (Daugavpils, Letonia, 1903-Nueva York, 1970), Willem De Kooning (Roterdam, 1904-Nueva York, 1997) o Jackson Pollock (Wyoming, 1912-Nueva York, 1956) entre otros, que fundaron el Expresionismo Abstracto Americano (1943-1965) y que hicieron pervivir la pintura de Monet hasta límites insospechados. Por eso hoy Monet sigue siendo Monet.
** Citado en REWALD, J.: Historia del Impresionismo (1972).
Valoración final:
- Guion
El guion de Salva Rubio es de una precisión abrumadora, hilando perfectamente las peripecias de un Monet que tuvo una vida muy compleja y que es muy difícil de entender en algunos momentos muy críticos. Además, no nos vende al personaje como alguien a quien tengamos que admirar forzosamente, sino que nos presenta al ser humano tal y como fue.
- Dibujo y color
El trabajo realizado por Ricard Efa a la hora de trasladarnos al mundo de Monet es sensacional porque tiene mucho de artesanía y consigue con creces que veamos la vida de Monet con la óptica de su estilo pictórico. La utilización de la técnica del gouache para esta obra es todo un acierto.
Lo mejor y Lo peor:
+ LO MEJOR
- El trabajo de documentación sobre las circunstancias que condicionaron a Monet durante su juventud y primera madurez.
- Leyendo la obra se entiende a Monet en su contexto. La inclusión de otros personajes como Manet, Bazille, Pissarro, Degas o Renoir ayudan mucho a entender tanto a Monet como a su época.
- El dosier final con partes de la novela gráfica asociadas a pinturas de Monet.
– LO PEOR
- Que una obra tan bien trabajada no se plantee como lectura en los centros escolares.
Aplicación en el aula
Muy recomendable para grupos de Geografía e Historia de 4º de la ESO y muy especialmente de Historia del Arte de 2º de Bachillerato. Se puede aplicar como lectura dirigida para actividades de ampliación o como punto de partida para un trabajo de investigación sobre la pintura impresionista.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
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