
«Luchar contra el fascismo me pareció tan necesario como respirar»
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Historia, Novela Gráfica
- Fecha 2 de febrero de 2025
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- Etiquetas #CómicsconHistoria, Astiberri, Geografía e Historia 4º ESO, Historia de España 2º Bachillerato, IIª Guerra Mundial, La Nueve, Novela gráfica, Paco Roca
Edición: Astiberri, 2019. |
Guion: Paco Roca (asesorado por Robert S. Coale y Juan Rey). |
Dibujo: Paco Roca. |
Color: Paco Roca. |
Formato: Rústica, 352 páginas. |
Colección: Sillón orejero |
ISBN: 978-84-17575-19-9 Precio: 25,00€ (Los surcos del azar. Edición ampliada::Astiberri Ediciones). |
Sinopsis:
En Los surcos del azar Paco Roca nos cuenta la historia de La Nueve, que es como coloquialmente conocemos a la 9ª Compañía Blindada o División Leclerc, que fue decisiva en la liberación de París de manos de los nazis en agosto de 1944.
Pero no te confundas, esta obra maestra de la novela gráfica en España no solamente te cuenta la liberación de París, sino que va hilvanando la historia de sus protagonistas, desde su huida de España al término de la Guerra Civil Española en 1939, hasta la derrota final del nazismo con la llegada de varios de sus integrantes al “Nido del águila”, la residencia que el Partido Nazi le regaló a Adolf Hitler en Berchtesgaden (Alpes bávaros) como celebración de su cincuenta cumpleaños en 1939.
El tercer elemento importante sobre el que descansa la obra son las conversaciones que en el presente Paco Roca tiene con uno de los últimos supervivientes de La Nueve, Miguel Ruiz (quien ya veremos que no se llamaba así), que nos sirve de testimonio vivo de todas las dificultades que encontraron los republicanos que escaparon de España para integrarse en el ejército de liberación francés y que acabaron venciendo a los nazis.
De este modo, el presente y el pasado se van intercalando (a nivel cromático hay una marcada intención de mostrar el pasado con color mientras que el presente tiene un tono monocromo), de forma que queda patente la metáfora visual de reavivar el pasado para recuperar la memoria perdida.
Ello a su vez tiene un aliciente más a nivel narrativo, porque el testimonio de Miguel al tiempo que va reconstruyendo la memoria colectiva, va dando forma a la narración de esta historia. Ello ha sido denominado por Carmen García Navarro en “Viñetas de memoria, Los surcos del azar de Paco Roca” como metacómic.
Así es como la narración comienza con las últimas personas que consiguieron exiliarse desde Alicante a finales de marzo de 1939 a bordo del Stanbrook, un buque mercante británico que sacó de España a los últimos refugiados republicanos. Fueron los últimos dado que los buques marselleses que el Gobierno de la República contrató para evacuar a los refugiados no pudieron entrar en el puerto de Alicante porque el gobierno sublevado bloqueó la entrada al puerto.
De este modo, los pasajeros del Stanbrook acabaron en Orán (Argelia), un Departamento francés del norte de África donde no fueron muy bien recibidos, ya que solamente permitieron desembarcar en un principio a quienes tuvieran la documentación en regla, posteriormente pudieron bajar las mujeres y los niños y tras un brote de tifus el resto del pasaje tuvo que hacer una cuarentena de cuarenta días en el barco antes de poder bajar a tierra.
En este trayecto es donde Miguel y Amado Granell (que llegó a ser teniente en La Nueve) se conocen, pero su destino en Argelia fue bastante cruel, porque mientras a las mujeres y a los niños les llevaron a una antigua cárcel, a los hombres les dieron a elegir entre volver a España, unirse a la Legión Extranjera o ir a campos de trabajo, que es lo que acabaron haciendo, de forma que fueron trasladados al Campo de Morand.
Durante los tres siguientes años, con todo lo que ocurrió en Europa con la invasión nazi de varios países, como Francia, los republicanos españoles fueron convenciéndose de que la lucha contra Franco continuaba y que la estrategia debía ser vencer a los nazis primero para después ir a acabar con Franco. Es precisamente en este contexto donde se enteraron del discurso de De Gaulle desde Londres en los micrófonos de la BBC en junio de 1940.
Tras la Operación Antorcha (noviembre de 1942), con el desembarco de tropas inglesas y norteamericanas en Marruecos y Argelia, los campos de trabajo franceses fueron liberados y muchos de los republicanos allí cautivos decidieron unirse a los Cuerpos Francos de África (CFA), que estaban vinculados a la iniciativa de De Gaulle, frente a la Legión Extranjera, donde todavía había muchos miembros del Gobierno de Vichy y que no eran de fiar para los republicanos españoles.
En un primer momento se integraron en el II Cuerpo del ejército norteamericano luchando por la conquista del estratégico puerto de Bizerta en Túnez en mayo de 1943. Por entonces seguían al capitán Putz, que estuvo como brigadista en la Guerra Civil Española y que era muy respetado por todos los republicanos españoles.
Tras ello, De Gaulle se encargó de formar el Ejército de la Francia Libre, donde los republicanos españoles se integraron dentro de la División Leclerc, que recibe su nombre de quien había estado luchando contra los italianos y alemanes desde Camerún hasta Túnez y que respetaba mucho a los soldados españoles por su experiencia en combate.
A él se le unió el general Dronne, que procedía de Alejandría y que gestionó personalmente a la 9ª Compañía. También era respetado porque era capaz de comunicarse con los republicanos españoles en castellano y porque sus recientes heridas de guerra demostraban que no se arrugaba en combate.
Eso sí, a Leclerc le dejaron organizar personalmente toda una División siempre y cuando los pieds-noirs o soldados chadianos y senegaleses que habían luchado con ellos desde el principio de la II Guerra Mundial abandonasen la disciplina porque según los oficiales, no podrían afrontar los rigores del invierno europeo, aunque parece más evidente que la idea de tener a africanos liberando a Europa de los nazis le daba repelús a más de uno.
Desde entonces el camino hasta París fue largo y bastante arduo, puesto que los integrantes en la 2ª División blindada de Leclerc partieron para Marruecos en octubre de 1943 para realizar el periodo de instrucción en Temara con materiales nuevos norteamericanos que los integrantes de La Nueve rebautizaron para la ocasión con localidades españolas donde habían luchado contra Franco durante la Guerra Civil Española. También se cambiaron el nombre por temor a las represalias que podrían sufrir sus familiares si ellos eran apresados por los nazis en batalla, por esto ha sido muy complicado descubrir la identidad de alguno de ellos, como el caso del protagonista de esta historia, cuyo nombre real es Miguel Campos.
Tras ello, les embarcaron en el buque Franconia, que les llevó primero hasta Escocia y de ahí les condujeron a la localidad inglesa de Pocklington (condado de Yorkshire) para recibir la última instrucción antes de desembarcar en Francia. De hecho, el famoso Desembarco de Normandía (6 de junio de 1944) les pilló a ellos allí, puesto que hasta finales de julio no les desplazaron a Southampton para trasladarles a ellos también a Normandía y entrar en combate directo con los nazis.
En ese sentido, Miguel menciona las incursiones que de vez en cuando hacía para explorar cómo estaban los alrededores con la intención de seguir avanzando. Ello le fue muy criticado por sus superiores por ponerse en peligro, pero también llevó a la reflexión del grado de deshumanización al que lleva la guerra.
Desde la llegada a Normandía hasta París el camino para La Nueve fue complejo dado que por ser quienes más experiencia tenían, siempre iban a la vanguardia de la División Leclerc, siendo por tanto quienes estaban más expuestos a morir en el frente.
Entre sus méritos encontramos la entrada en la localidad de Écouché, el descubrimiento de un espía alemán vestido de cura que estaba facilitando las posiciones de todos los tanques o la captura de multitud de soldados alemanes apostados en un castillo en las cercanías de esta localidad.
Tras ello el camino hacia París no era distante y estuvo más o menos despejado. De hecho, hubo órdenes contradictorias que dificultaron temporalmente la llegada del ejército liberador a la capital, lo cuál era muy importante porque la labor de la resistencia en París contra los nazis no podría prolongarse mucho en el tiempo y necesitaban su ayuda antes de que aquello acabase siendo una masacre. Por esto fueron tan bien recibidos en su llegada a París y más concretamente al Hôtel de Ville, el ayuntamiento de la ciudad.
A pesar de la exitosa liberación de París, participando los integrantes de La Nueve en el desfile de la victoria que partió del Arco del Triunfo (26 de agosto de 1944) junto con el general De Gaulle a la cabeza, su labor no terminó aquí. Muchos de ellos continuaron junto con otras muchas tropas en la liberación primero del resto de Francia y posteriormente entrando en Alemania para acabar de una vez por todas con los nazis.
Precisamente aquí fue el periodo en el que fallecieron más integrantes de la compañía, mientras que otros como Miguel Campos desaparecieron y les dieron por muertos. Solamente algunos lograron llegar al nido del águila, unos días después de que lo hubieran encontrado las tropas norteamericanas.
Contexto histórico:
El dañino uso del olvido.
Nunca es un buen momento para perder la memoria, sobre todo cuando hablamos de la memoria democrática. En los tiempos que corren, donde en algunas partes del mundo se ha vuelto a poner de moda hacer en público el saludo fascista sin que cause ningún tipo de rubor ni desaprobación social, conviene recordar a quienes lucharon contra la larga sombra del fascismo en el peor momento. Hablemos por tanto de La Nueve, los republicanos españoles que participaron en la liberación de París de los nazis y de su posterior olvido por parte de las instituciones públicas.
Aviso a los lectores y lectoras de esta reseña: la parte del contexto histórico contiene trazas de spoiler. Su consumo queda bajo la responsabilidad del lector o lectora.
Por lo tanto, empecemos a hacer memoria con Miguel Campos Delgado (1912-¿?) el protagonista que nos relata la historia de La Nueve a través de una serie de entrevistas ficcionadas por Paco Roca como autor y personaje al mismo tiempo. Si bien es cierto que Miguel Campos sí estuvo en La Nueve y sí participó en la liberación de París, por el hecho de estar en paradero desconocido durante gran parte de su vida nunca se le pudo entrevistar. De hecho, cuando Paco Roca estaba escribiendo Los surcos del azar solamente tres de los supervivientes estaban localizables y ninguno de ellos había participado en todos los acontecimientos como sí parece que fue el caso de Miguel Campos.
Por sorprendente que parezca, la publicación de esta novela gráfica en 2013 sirvió para un mejor conocimiento histórico de la historia que cuenta, dado que los familiares supervivientes de Miguel Campos pudieron contar a Paco Roca datos sobre su juventud, como que nació en la población tinerfeña de Güímar en 1912, que ejercía como panadero en la isla y que fue detenido en septiembre de 1936 acusado por un falangista al tiempo que a su mujer, Isabel Piñero, que estaba embarazada en aquellos momentos, también se la detuvo y fue enviada a la prisión guipuzcoana de Ondarreta, que es donde nació Teresa, la hija de ambos.
A raíz de ello también se pudo deducir que Miguel Campos nunca pudo luchar en la Guerra Civil Española (1936-1939) porque pasó cinco años encarcelado en una prisión militar entre Canarias y Marruecos y pasó del Protectorado español a Argelia durante el desembarco anglo-norteamericano de Marruecos y Argelia en noviembre de 1942. Por eso Miguel Campos no estaba en Alicante cuando ocurrió el embarcamiento del Stanbrook, barco que estuvo atracado en el puerto durante unos diez días en vez de unas horas. Lo que sí ocurrieron fueron las escenas dramáticas en el puerto al no poder embarcarse a todo el mundo en el barco que comandaba Archibald Dickson (Cardiff, 1892-Mar del Norte, 1939), que llenó el barco hasta más de lo aconsejable y que hoy tiene un busto conmemorativo donado por iniciativa privada en el puerto de la ciudad.
Miguel Campos tampoco habría estado en Camp Morand, donde sí que estuvieron realizando trabajos forzados durante tres años muchos de los hombres que salieron de Alicante en el Stanbrook y que también varios de los que estuvieron en La Nueve.
Por entonces la situación había cambiado mucho, ya que la Alemania nazi había invadido Bélgica, los Países Bajos, Francia y varios países nórdicos y Winston Churchill (Oxfordshire, 1874-Londres, 1965) se convirtió en primer ministro británico (10 de mayo de 1940) y puso en marcha la “Operación Dinamo”, que supuso la histórica evacuación de tropas de Dunkerque (26 de mayo de 1940). Tras ello el ejército belga capitula y poco después el ejército alemán ocupa París dando lugar a que miles de franceses huyan al sur, instalándose el gobierno francés en Burdeos (14 de unió de 1940).
La declaración del general Charles De Gaulle (Lila, 1890-Colombey-les-Deux-Églises, 1970) en la BBC el 18 de junio seguida del armisticio firmado por el mariscal Philippe Pétain (Cauchy-à-la-Tour, 1856-Port-Joinville, 1951) como presidente del nuevo gobierno en Francia el 22 de junio por el que Francia quedaba dividida por una línea de demarcación entre la zona ocupada y el Régimen colaboracionista de Vichy, cambiaron completamente el destino de los republicanos españoles que estaban exiliados en el norte de África, porque al oír el comunicado de De Gaulle comenzarían a entender que el único camino para librarse de Francisco Franco (Ferrol, 1892-Madrid, 1975), era apoyar primero la causa del general francés contra el nazismo.
Hay otro problema añadido, unos cuantos de los futuros integrantes de La Nueve en primer lugar se inscribieron en la Légion étrangère (Legión Extranjera) antes del armisticio de Pétain con Adolf Hitler (Braunau am Inn, Austria, 1889-Berlín, 1945), pero a partir de entonces fueron desmovilizados y encerrados en campos de trabajo porque la Legión pasó a manos de Vichy y se convirtieron en sospechosos de traición.
A pesar de ello y tras este acontecimiento, entre 1940-1942 bastantes se apuntaron a la Legión ahora organizada por Vichy, por lo que su situación era bastante paradójica, sobre todo si tenemos en cuenta que la Alemania nazi había iniciado la invasión de la Unión Soviética con la “Operación Barbarroja” (22 de junio de 1941) y que poco después Franco envió a los integrantes de la División Azul (5 de julio de 1941).
Con todo, hubo un cambio importante en noviembre de 1942 tras la “Operación Antorcha”, es decir; el desembarco de las tropas inglesas y norteamericanas de forma conjunta en Marruecos y Argelia, que supuso que las tropas francesas del norte de África pasasen finalmente a ser gaullistas en vez de vichistas después de bastantes conflictos internos.
Para entonces Miguel Campos ya debía estar en Argelia después de haberse fugado del protectorado español en Marruecos. Es de suponer que en este contexto ya conociera realmente a Amado Granell (Burriana, 1898-Sueca, 1972) y se hubiera unido voluntariamente al ejército.
De este modo nacieron los Corps Francs d’Afrique (Cuerpos francos de África o CFA) el 25 de noviembre de 1942, donde se fueron alistando norteafricanos que querían combatir a las fuerzas del Eje y que no se fiaban de la Legión Extranjera por los antecedentes que tenía. Así es como muchos futuros combatientes de La Nueve se incorporaron a la Campaña de Túnez (noviembre 1942-primavera 1943) primero como parte del ejército británico y después del norteamericano con la toma del puerto de Bizerta, que es el primer momento en el que entraron en combate contra las Afrika Korps nazis en suelo africano estando bajo el mando del capitán Joseph Putz (Bruselas, 1895-Grussenheim, Francia, 1945), quien había luchado en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española. Ello explica también que el half-track que usaría Miguel Campos tiempo después sería el Túnez 43, haciendo alusión a que participó en esta ofensiva militar.
Por ese motivo es tan complicado incluso para los especialistas en la materia distinguir a soldados norteamericanos de otros que no lo eran, ya que los soldados de múltiples nacionalidades que lucharon en la CFA en Túnez llevaban todos indumentaria del ejército de los Estados Unidos, como seguiría ocurriendo posteriormente.
A partir de la victoria de los aliados en Túnez en la primavera de 1943 hubo una reestructuración de los ejércitos franceses bajo mando de De Gaulle, porque las Forces Françaises Libres (Fuerzas francesas libres o FFL), creadas el 1 de julio de 1940 en Europa, dejaron de existir el 1 de agosto de 1943 para fusionarse con la Armée d’Afrique, dirigida por Henri Giraud (París, 1879-Dijon, 1949) y de la que también formaba parte el CFA, creándose a partir de entonces la Armée française de la Libération (AFL), que es donde se integraría finalmente La Nueve.
En el caso de Philippe Leclerc de Hautecloque (Belloy-Saint-Léonard, Picardía, 1902-Béchar, Argelia, 1947) fue el primer general en ir a Londres a unirse a De Gaulle y que posteriormente estuvo luchando contra las tropas italianas y alemanas desde Camerún hasta Túnez con el Régiment de tirailleurs sénégalais du Tchad (Regimiento de tiradores senegaleses del Chad o RTST) primero, que desde 1943 pasó a ser el Régiment de marche du Tchad (Regimiento de marcha del Chad o RMT), que es donde se integraron los republicanos españoles cuando pasaron a estar bajo su mando.
Junto con Leclerc llegó el general Raymond Dronne (Mayet, 1908-Neuilly-sur-Seine, 1991), que venía herido de luchar en Alejandría y que fue quien realmente dirigió a La Nueve como compañía integrada en la 2e Division Blindée (2ª División Blindada o 2e DB) y que dejó un testimonio fundamental para el estudio de esta compañía en sus memorias publicadas en la década de 1980: Carnets de route d’un croisé de la France Libre.
En ese momento la también llamada División Leclerc recibió la orden de ir a Marruecos para recibir instrucción y material moderno norteamericano, pero a cambio debían quitarse de en medio a los pieds-noirs o soldados africanos (más concretamente senegaleses) que habían estado luchando con Leclerc desde 1940 en Camerún. Este sería el momento fundacional de La Nueve, que tiene como característica que era una compañía formada mayoritariamente por republicanos españoles.
Entre los materiales recibidos por los americanos estaban los half-tracks o semioruga, que eran vehículos blindados de combate ligero diseñados para el transporte de la infantería, aparte de los tanques Sherman, que tenían menos blindaje en comparación con los Panzer alemanes. Fue en este contexto en el que se les pidió que bautizasen a sus vehículos con el nombre que quisieran, de forma que tras varias discusiones los republicanos españoles les acabaron poniendo nombres como Teruel, Madrid, Brunete, Guadalajara o Don Quichotte, que recordaban de un modo u otro la lucha contra Franco.
De este modo, mientras que en el verano de 1943 el Gran Consejo Fascista italiano destituyó a Benito Mussolini (Predappio, 1883-Giulino, 1945) siendo este detenido y los aliados comenzaron con el desembarco y la Campaña de Sicilia, la División Leclerc recibió entrenamiento militar en Tamara (Marruecos) para posteriormente ser embarcada en el buque Franconia, que les condujo hasta Escocia primero y a Yorkshire después para recibir la última instrucción militar antes de entrar en combate en Normandía.
Es en este contexto cuando se produjo la famosa fotografía de La Nueve en Yorkshire, donde están juntos todos los republicanos españoles que formaban parte de esa compañía junto con Dronne y con Leclerc en el mes de julio de 1944 y donde fueron mucho mejor recibidos de lo que ellos esperaban por la leyenda roja que Franco había transmitido sobre los republicanos españoles.
Poco después, tras embarcarse en Southampton, les condujeron hasta la playa de Utah en Normandía, donde unas semanas antes había acontecido el célebre Día-D (6 de junio de 1944), con una gran cantidad de muertos del ejército norteamericano.
Desde ahí el camino a París fue complejo por la estructura parcelaria de la tierra en la Normandía, que está llena de setos o bocages que dificultaban mucho el paso de los blindados por estos caminos y que podían suponer una trampa insalvable en un posible enfrentamiento contra los nazis.
Después de semanas de estar luchando en territorio francés, los altos mandos de los aliados por fin se decidieron a entrar en París (ya que el primer plan era pasar de largo para ir directamente hacia Alemania), debido a que la estructura de la ciudad facilitaría usar sus numerosos puentes para facilitar el avance sobre los alemanes, porque sería un gran refuerzo para la moral colectiva y finalmente, porque de no hacerlo, las víctimas civiles entre los resistentes serían mucho más cuantiosas en el retroceso de los nazis de la capital francesa.
Para ello era fundamental llegar a las principales instituciones, situación que ocurrió con la Columna Dronne, que había llegado a la ciudad desde Limours y que hizo un recorrido por calles secundarias de las entonces afueras de París, desde la Porte d’Italie hasta el Hôtel de Ville o Ayuntamiento, que ya había sido tomado por los resistentes cuando llegaron las tropas de Dronne. Concretamente fueron desde Porte d’Italie, pasando por Avenue d’Italie, Vístula, Baudricourt, Nationale, Esquirol y Boulevard de l’Hôpital. Atravesó el Sena por el Puente de Austerlitz y tras recorrer los muelles de Henri IV y Les Célestins, finalizó en la plaza del Hôtel de Ville.
Con respecto a esto, siempre ha habido una polémica porque no es el capitán Dronne quien apareció en las portadas del día siguiente, sino el teniente Granell, llegándose a pensar que la columna se habría dividido en dos partes y que Granell habría llegado primero. Esto no se corresponde con la realidad, porque no hubiera sido práctico que la columna se dividiera, porque sí llegaron juntos y a ambos les hicieron fotos en el ayuntamiento. Simplemente la foto que se publicó fue la de Granell en vez de la de Dronne, que era su superior, además de escribir incorrectamente su apellido en el titular del periódico.
También es de justicia reconocer la labor de Léo Hamon (París, 1908-París, 1993), vicepresidente del Comité de Liberación de París y del cónsul sueco Raoul Nordling (París, 1882-París, 1962) por impulsar los acuerdos con los alemanes que evitaron la destrucción de París.
Por este motivo, el día del desfile de la victoria, cuando todavía había bastantes zonas de París ocupadas por los nazis, quienes siguieron a Charles de Gaulle al inicio del desfile fueron varios de los blindados de La Nueve como parte de la Columna Dronne que había llegado al Hôtel de Ville. De hecho, hubo que dividir la compañía por cuestiones logísticas y quienes cerraron el desfile también fueron otros blindados de La Nueve, que además tuvieron que repeler un ataque en la zona.
De hecho, al día siguiente del desfile, cuando el resto de la División Leclerc llegó a París, hubo enfrentamientos muy fuertes en los puntos de resistencia alemanes, como el Hotel Le Meurice, donde estaba el general Dietrich von Choltitz (Silesia, 1894-Baden-Baden, 1966), encargado de destruir París en su huida, o el Hotel Majestic, cuartel general de la Gestapo en París.
Lo que podría pasar muy desapercibido es que la mayoría de los fallecidos de La Nueve se produjeron no antes de llegar a París, sino justo entre ese momento y el final de la guerra en Europa, sobre todo en la Campaña de Alsacia, donde sufrieron innumerables bajas (40 muertos y 102 heridos) y hasta Amado Granell se retiró como teniente porque no fue capaz de soportarlo.
Se puede decir que en ese momento La Nueve dejó de ser una compañía mayoritariamente republicana española a ser una compañía mixta franco-española porque los soldados fallecidos fueron sustituidos por soldados franceses más jóvenes, pero que supieron entender la causa republicana. También ello explica que muchos de sus componentes fallecidos en combate se encuentren hoy en día enterrados en pueblos limítrofes entre Francia y Alemania, siendo pocos los que acabaron llegando al nido del águila, que fue una victoria poética frente al nazismo.
El caso de Miguel Campos es especial dentro de este contexto, ya que se le dio por desaparecido en diciembre de 1944 y en 1952 su esposa, Isabel Piñero, recibió una carta en España confirmando su fallecimiento mientras luchaba en Francia y recibiendo una pensión vitalicia del gobierno francés.
Por último, queda hablar de la situación que vivieron estos republicanos españoles tras vencer a Hitler. Algunos de sus miembros desertaron de La Nueve para realizar la “Operación Reconquista de España” en el Valle de Arán el 19 de octubre de 1944, que resultó ser un rotundo fracaso, mientras que otros siguieron hasta el final pensando que los aliados les apoyarían para echar a Franco del poder en España una vez que terminase la Guerra Mundial en Europa con la firma de la capitulación alemana en Reims el 7 de mayo de 1945, pero esto nunca se llegó a dar.
Tampoco podremos nunca saber cómo habrían reaccionado los miembros de La Nueve si hubieran tenido conocimiento de las negociaciones del gobierno inglés con Franco a partir de 1942 para que tuviera una posición no beligerante desde entonces a cambio de mantenerse en el poder en España después de la guerra.
Por lo tanto, hubo republicanos españoles que tras la IIª Guerra Mundial se quedaron sin un país al que volver (aunque luego hubo alguno que volvió a España antes de la muerte de Franco) y sin ningún tipo de reconocimiento, borrados de la Historia bajo la espesa capa del olvido. Solamente en los últimos años, cuando la gran mayoría de estos héroes ya habían muerto, comenzaron a realizarse tímidos homenajes, primero en Francia en 2004 con la colocación de placas que reproducían el recorrido de la Columna Dronne por las calles de París el día de la liberación y después en Madrid, con la inauguración en 2017 del Jardín de los Combatientes de la Nueve o Parque de la Nueve en el barrio de Pueblo Nuevo durante el gobierno de Manuela Carmena (Madrid, 1944- ) en la alcaldía de Madrid.
Rafael Gómez Nieto (Almería, 1921-Estrasburgo, 2020), el último superviviente de La Nueve, falleció en Estrasburgo en 2020 a causa de la pandemia de coronavirus. Esperemos que la obra de Paco Roca y los estudios históricos que ha incentivado la publicación de Los surcos del azar sirvan para mantener la memoria histórica de uno de los episodios más relevantes de nuestra historia contemporánea.
Valoración final:
- Guion
El guion de Paco Roca con la inestimable ayuda del historiador Robert S. Coale ha servido para dar lugar a un sólido guion que cuenta con rigor este episodio histórico desconocido para mucha gente hasta hace no tanto tiempo.
- Dibujo y color
La enorme sensibilidad desplegada por Paco Roca a lo largo de este tomo marca la diferencia para hacer de Los surcos del azar una obra maestra. Cabe destacar el uso alternativo del color dependiendo de si está contando la línea temporal del pasado o la del presente.
+ LO MEJOR
- Rescatar del olvido la historia de La Nueve, demostrando un gran compromiso con la memoria histórica.
- Haber sabido dejarse aconsejar para que esta novela gráfica no sea solamente un entretenimiento, sino un vehículo de reflexión sobre el mundo en el que vivimos.
– LO PEOR
- Que no sea una obra de lectura obligatoria en todos los centros educativos.
Aplicación en el aula...
Imprescindible en la asignatura de Geografía e Historia de 4º de la ESO y de Historia de España de 2º de Bachillerato. Ningún estudiante debería terminar la ESO sin conocer esta obra cumbre de la novela gráfica en España.
Como material complementario la web sobre La Nueve del Gobierno de Aragón es un recurso valiosísimo para una primera aproximación al tema en clase.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
Trabajo de lectura (Geografía e Historia, 1º de la ESO) (Curso 2024-2025)
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