
Maruja Mallo y sus circunstancias
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Feminismo, Novela Gráfica
- Fecha 5 de mayo de 2025
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- Etiquetas #CómicsconHistoria, Carolina Corvillo, Cascaborra Ediciones, Geografía e Historia 4º ESO, Historia del Arte 2º Bachillerato, Irina Hirondelle, Maruja Mallo, Novela gráfica
Edición original: Maruja Mallo (Cascaborra Editores, 2023) |
Guion: Carolina Corvillo |
Dibujo: Irina Hirondelle |
Color: Irina Hirondelle |
Corrección: Ana Doménech García |
Maquetación: Daniel Torrado |
Formato: Cartoné, 64 páginas. |
ISBN: 9788412660821 Precio: 17€ (Maruja Mallo) |
Sinopsis:
En los últimos años la memoria de Maruja Mallo, quizá la mayor mujer artista de la Generación del 27, ha sido llevada a productos culturales con bastante asiduidad.
En Maruja Mallo, Carolina Corvillo e Irina Hirondelle nos llevan a los años de juventud de la artista gallega con algún flash-forward hacia los últimos años de su vida en los que la pintora fue reivindicada por los entonces jóvenes autores de la Movida madrileña.
A lo largo de la obra conocemos a la niña que fue Maruja en su más tierna infancia en Galicia, a sus primeros contactos infantiles con el mundo del arte y la relación lejana que tuvo con sus padres hasta que se pudieron mudar todos juntos a Avilés cuando ella ya tenía diez años.
También nos acercamos a sus inicios en Madrid y al ambiente que conoció en la Academia de Bellas Artes, donde tuvo a Dalí como compañero, o a las nuevas amistades que fue cosechando en la Residencia de Estudiantes, como Federico García Lorca o Luis Buñuel o fuera de ellas, como la escritora Concha Méndez o Rafael Alberti, con quien mantuvo una relación amorosa durante varios años.
Evidentemente, en esta novela gráfica hay espacio para entender de dónde surgieron Las Sinsombrero y el “travestismo a la inversa”, como lo mencionaría la propia Maruja Mallo en una entrevista en sus años postreros.
De hecho, la obra es bastante minuciosa a la hora de describir los altibajos en la relación entre la artista y el poeta, donde se puede ver cómo ambos se ayudaron mutuamente en el crecimiento de sus poéticas (visual y lírica respectivamente).
Al mismo tiempo, se percibe perfectamente los cambios estéticos producidos en Maruja, que la llevan de una serie de pinturas vitalistas y festivas como son las de la serie de las Verbenas, a las oscuras y más reflexivas con respecto al tema de la muerte, como son las referidas a la serie de Cloacas y campanarios.
Contexto histórico:
La joven bruja de Viveiro.
La vida de Maruja Mallo (Viveiro, 1902-Madrid, 1995) fue francamente singular, porque es una artista que llegó muy pronto al estrellato a pesar de que por ser mujer lo tuvo mucho más difícil. Además, su largo exilio de un cuarto de siglo como consecuencia de la Guerra Civil (1936-1939) la engulló en el olvido más absoluto y finalmente, en los últimos años de vida, pudo gozar en España del reconocimiento social que nunca debió perder.
Dentro de su contexto familiar, Ana María Gómez González (que era su verdadero nombre), nacida el día de Reyes de 1902, era la cuarta de trece hermanos, hija de Justo Gómez Mallo, administrador de aduanas originario de Madrid y de María Gómez González, ama de casa nacida en Vigo. Entre sus hermanos menores estaba el escultor Cristino Mallo (Tui, 1905-Madrid, 1989), cuyo carácter no pudo ser más diferente al de Maruja.
No obstante, casi sin cumplir el año su padre fue enviado a trabajar a Avilés y fue criada por sus tíos en Corcubión (Asturias) hasta que pudo reunirse de nuevo con sus padres y sus hermanos a partir de 1913.
A nivel artístico, no hay mucho conocimiento de la obra que Maruja Mallo realizó estando en Avilés y antes de ir a Madrid, pero sí es sabido que, en 1922, justo antes de ir a Madrid, participó en la II Exposición de Arte Avilesino, donde expuso 14 obras de corte académico y ya apuntaba maneras como artista. De hecho, fue la única mujer seleccionada para iniciar el nuevo curso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde prosiguió sus estudios cuando su familia se trasladó a la capital siguiendo una nueva itinerancia laboral de su padre.
De su paso por la Academia de Bellas Artes de San Fernando se pueden extraer varias conclusiones. Por una parte, la falta de conexión con los profesores que tuvo allí, como eran Cecilio Pla (Valencia, 1857-Madrid, 1934), Manuel Benedito (Valencia, 1875-Madrid, 1963) y a quien más respetaba, Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874-Córdoba, 1930), su profesor de Ropaje, porque todos los estudiantes de su generación tenían la vista puesta en Picasso (Málaga 1881-Mouguins, 1973), que era su máximo referente artístico.
Por otra, conocer allí a Salvador Dalí (Figueres, 1904-Figueres, 1989), quien, si bien es cierto que no era el mejor ejemplo como estudiante, le abrió las puertas de la Residencia de Estudiantes, uno de los grandes espacios culturales de los años ’20 en España. Es así como conoció a Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936) o Luis Buñuel (Calanda, Teruel, 1900-Ciudad de México, 1983) y tuvo acceso a las actividades que se hacían allí, como la conferencia que dio Albert Einstein (Ulm, 1879, New Jersey, 1955) en 1923 para explicar su teoría de la relatividad, tan importante para las últimas obras de nuestra artista.
En estos años también se dieron las dos anécdotas más famosas que la propia autora no dejó de repetir en su vejez. Una de ellas es la historia fundacional de Las Sinsombrero, que protagonizaron además de ella, Dalí, Lorca y Margarita Manso (Valladolid, 1908-Madrid, 1960), quienes al pasear por la Puerta del Sol iban sin la cabeza cubierta y tuvieron que meterse corriendo en el metro porque la gente les empezó a tirar piedras mientras les insultaban.
La otra ocurrió en el Monasterio de Silos, en Burgos, cuando los mismos protagonistas quisieron entrar a escuchar el canto gregoriano de los monjes y a ellas no les dejaron entrar porque llevaban faldas puestas. De este modo, finalmente se pusieron a modo de pantalón las chaquetas de Dalí y de Lorca y acabaron entrando a escuchar esta música sacra. A esto Maruja Mallo lo llamó “el travestismo a la inversa”.
Hasta aquí el repertorio artístico de Maruja Mallo no es todavía conocido, pero su obra Española con abanico (1924) nos da la medida de cómo fue progresando dentro de los postulados provenientes de la academia, donde terminaría sus estudios en 1926. No hay que perder de vista que Maruja Mallo fue bastante afortunada de poder dar clases de dibujo del natural, porque no muchos años antes que ella las mujeres tenían vetados los estudios de Bellas Artes porque tenían terminantemente prohibido ver a los y a las modelos desnudas porque se entendía que era inmoral para la educación de una mujer. Ello implicaba una clara desventaja a la hora de representar el cuerpo humano y de realizar composiciones de grupo.
Justamente el año de finalización de sus estudios de Bellas Artes falleció la madre de Maruja Mallo. Sabemos que los meses siguientes los pasó en Canarias porque su padre fue destinado allí durante un tiempo y Maruja estuvo acompañándole, pero también hay evidencias de que una buena amiga suya, Concha Méndez (Madrid, 1898-Coyoacán, 1986), estuvo con ella en Tenerife, que es donde pintó su obra La isleña o La mujer con la cabra (1927) y La ciclista, que tiene a la propia Concha como protagonista y que desgraciadamente es una obra que actualmente se encuentra en paradero desconocido.
Es precisamente con su amiga Concha Méndez con quien Maruja irá a las verbenas madrileñas, que darán lugar a la serie de pinturas de este nombre, concebidas a modo de collage pictórico, ya que en cada una de las cuatro verbenas que realizó Maruja hay una multiplicidad de escenas y de aspectos a estudiar. Por eso, más allá de su aspecto naíf, encontramos una reflexión sobre qué se entendía por orden y desorden social a través de unas jerarquías muy marcadas y también hay un manifiesto deseo de liberación femenina.
Es en estos momentos de su producción cuando Maruja Mallo tuvo un golpe de suerte, consistente en que su trabajo le fuera recomendado a José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-Madrid, 1955), el gran filósofo español de su tiempo y a su vez editor de La Revista de Occidente desde 1923, un espacio con una mirada muy europea y donde escribían Fernando de los Ríos (Madrid, 1879-Nueva York, 1949) o Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888-Buenos Aires, 1963).
Según contó la propia Maruja en la entrevista que le hizo Paloma Chamorro (Madrid, 1949-Robledo de Chavela, 2017) en 1979 en su programa Imágenes. Artes visuales, ella llegó a Ortega y Gasset a través de la recomendación del historiador y crítico de arte Melchor Fernández Almagro (Granada, 1893-Madrid, 1966), y que a partir de ahí ella le llevó a la sede de la revista varias de sus estampas y, varios días después, el filósofo visitó el estudio de la artista para ver su producción pictórica. Es entonces cuando él se convenció de hacer la primera y única exposición en la sede de la revista, que fue la que llevó a Maruja Mallo al estrellato en 1928.
De hecho, esta exposición fue muy bien acogida por la crítica (incluso por los críticos que en sus argumentaciones pecaron de un cierto paternalismo). Uno de los medios que más firmemente valoró la aportación de Maruja Mallo fue La Gaceta Literaria, dirigida por Ernesto Giménez Caballero (Madrid, 1899-Madrid, 1988), para quien Maruja Mallo realizaría la portada de su novela Hércules jugando a los dados, explorando aún más su actividad como ilustradora.
En estos años, Maruja Mallo tiene una relación amorosa (que no “intensa colaboración”, como dicen muchos) con el poeta y dramaturgo Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, 1902-El Puerto de Santa María, 1999), que duró hasta que este conoció a María Teresa León (Logroño, 1903-Majadahonda, 1988) (dependiendo de la fuente hablan de 1929 o de 1930) y cortó su relación con Maruja Mallo, que es algo que ella nunca quiso reconocer en vida.
No obstante, estos años de relación fueron muy provechosos para ambos, ya que por una parte Maruja Mallo se interesó por la escenografía y la llevó a querer seguir formándose en este aspecto y a él le sirvió para enriquecer su mirada poética ya que él ponía en palabras las imágenes visuales que creaba Maruja y viceversa. Fruto de esta relación surgió la escenografía que Maruja realizó de Santa Casilda, la obra teatral que Rafael Alberti estrenó en 1930.
Con todo, hay un detalle biográfico sobre Maruja Mallo que se suele obviar y que es fundamental para entender la evolución desde su serie de las Verbenas a la siguiente, que se llamó Cloacas y campanarios y cuya estética es diametralmente opuesta.
Ello se debió a un accidente de conducir que sufrió Maruja Mallo en 1928 junto con Mauricio Roësset, hermano de la pintora Marisa Roësset (Madrid, 1904-1976), que al ver que en el accidente Maruja estaba inconsciente, interpretó que había fallecido y tomó la determinación de volver a casa y de suicidarse. Ello condujo a Maruja a una fijación por el mundo de la muerte y por el paso de las personas por el mundo, que se tradujo en unas pinturas en las que representaba los huesos, los andrajos, la basura y en las que pasó de las multicolores verbenas a una nueva estética realizada a partir de blancos, negros y grises. Tiempo después estas obras se interpretaron como surrealistas, cuando su significado no puede ser más empírico y concreto.
En este momento también es cuando se acerca a los autores de la Escuela de Vallecas, como el pintor Benjamín Palencia (Barrax, Albacete, 1984-Madrid, 1980) o el escultor Alberto Sánchez (Toledo, 1895-Moscú, 1962), con quienes descubrió la pobreza del extrarradio de Madrid y que también integró en sus pinturas de esta serie.
Es a finales de 1931 cuando sale en prensa una entrevista que le hace la periodista y amiga Josefina Carabias (Arenas de San Pedro, Ávila, 1908-Madrid, 1980) a Maruja Mallo, en la que esta le cuenta que ha recibido una beca para estudiar en París al año siguiente.
Más concretamente era una beca concedida por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) con el objetivo de que Maruja Mallo ampliase en París sus conocimientos sobre escenografía y para conseguirla había sido muy determinante su exposición individual en La revista de Occidente. De hecho, nada más llegar a París se puso en contacto con los hermanos Valentine Hugo (Boulogne-sur-Mer, 1887-París, 1968) y Jean Hugo (París, 1894-Lunel, 1984), que habían realizado la escenografía de La Passion de Jeanne d’Arc (1928) de Carl Theodor Dreyer (Copenhague, 1889-Copenhague, 1968), que son palabras mayores.
No obstante, lo más importante fue que en París Maruja Mallo se acercó mucho al círculo surrealista muy probablemente porque era el espacio estético en el que estaba destacando la colonia de pintores españoles en París. No hay que olvidar que la galería de arte que lanzó a Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma de Mallorca, 1983) fue precisamente la Galerie Pierre, que es donde expuso Maruja Mallo entre mayo y junio de 1932, causando una gran acogida sobre todo entre los surrealistas.
Sabemos que André Breton (Tinchebray, 1896-París, 1966) por ejemplo le compró el cuadro de El espantapájaros (1930) y que Paul Éluard (Saint-Denis, 1895-Chareton-le-Pont, 1952) quiso comprarle el de El espantapeces (1931), pero en ese momento no tenía dinero para adquirirlo. En cualquier caso, desde entonces a Maruja Mallo se le asignó una etiqueta de pintora surrealista que no responde tan bien a las características de su obra (en cualquier caso, a una parte) y que tampoco coincidía con su ideología, porque ella se declaraba marxista y anticomunista.
En ese sentido es fundamental el acercamiento de Maruja Mallo hacia el grupo Abstraction-Création, liderado por el pintor uruguayo Joaquín Torres-García (Montevideo, 1874-Montevideo, 1949), que produjo un importante cambio de rumbo en la obra de Maruja Mallo de forma que ella se acercó a la geometría euclidiana no abandonando nunca más esta estética durante el resto de su carrera porque se convirtió en su modo de composición independientemente de cuál fuera la temática a representar.
Del mismo modo, fue también muy relevante el deseo de Maruja de volver a España una vez que la II República estaba dando sus primeros pasos y le parecía que era un momento histórico que vivir en su país. Ello la hizo rechazar una importante oferta del marchante francés Paul Rosenberg (París, 1881-Neuilly-sur-Seine, 1959), quien la ofreció dos años de contrato para que realizase un nuevo proyecto con él, pero ella decidió postergar la oferta dos años y tras ello nunca volvió.
Al llegar a Madrid en 1933, Maruja Mallo continuó con la nueva estética que había experimentado en París, ya que Torres-García también vino a Madrid y fundó el grupo Arte Constructivo, que tenía las mismas metas de eliminar todo lo accesorio de la obra de arte para centrarse en la pureza de líneas geométricas a través de estudiar a los más grandes teóricos de la Geometría, como eran el ejemplo clásico Luca Pacioli (Sansepolcro, 1445-Sansepolcro, 1517) y el contemporáneo de Matila C. Ghyka (1881, Iasi, Rumanía-1965, Londres).
Ello coincidió con un hecho que tuvo mucha repercusión en la vida de Maruja, que fue la muerte de su padre, por lo que además del daño emocional, tuvo un efecto muy negativo a nivel económico, ya que ella todavía contaba con su sustento, por lo que tuvo que ponerse a opositar rápidamente, sacando pronto plaza de profesora de dibujo en Arévalo (Ávila), al tiempo que lo compaginaba con su carrera artística, que se vería más mermada por la falta de dedicación.
Es también en este momento cuando Maruja Mallo comienza con la cerámica en la Escuela de Cerámica de Madrid, fundada por Francisco Alcántara (Pedro Abad, Córdoba, 1854-Madrid, 1930), en la que le encargaron que realizase nuevos diseños para la cerámica que allí se produciría. Lamentablemente de los platos cerámicos que allí se realizaron desde 1933 no se ha conservado ninguno a causa de los bombardeos de la Guerra Civil, aunque sí que se conservan ejemplares de la década de 1990.
En los siguientes años, además de participar en varias exposiciones colectivas como la del grupo Arte Constructivo en la Sala XVI del Salón de Otoño de Madrid o la de la Sociedad de artistas ibéricos (ambas de 1933), Maruja Mallo retoma el contacto con el poeta Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973) (a quien conoció en París), que ya por entonces era diplomático chileno en Madrid. Sus fiestas en su residencia de la Casa de las Flores eran célebres y reunieron a grandes intelectuales de la sociedad de la época.
Es en este contexto cuando conoció en 1935 al poeta Miguel Hernández, con quien mantuvo una corta relación en la que ella tomó más conciencia de Castilla y de sus campos de cultivo y él estructuró su drama Los hijos de la piedra (1935), en el que reflexionaba sobre los sucesos de Casas Viejas de 1933 y sobre la Revolución de Asturias de 1934. También en ese año Maruja Mallo estuvo preparando los decorados y el vestuario del musical Clavileño, que estaba basado en el Quijote y que iba a dirigir Rodolfo Halffter (Madrid, 1900-Ciudad de México, 1987), pero nunca se llevó a escena.
1936 fue paradójicamente un año muy fecundo para Maruja Mallo a pesar del estallido de la Guerra Civil del 18 de julio, que la pilló colaborando con las Misiones Pedagógicas en Galicia. Entre febrero-marzo participó en la exposición colectiva L’Art Espagnol Contemporain que se celebró en el Musée Jeu de Paume y tras la cual una de sus verbenas fue comprada por el Estado francés para ser exhibida en el Musée d’Art Moderne (estando actualmente en el Centre Pompidou de París).
En el mes de mayo participó en una exposición individual en la sede del grupo de Amigos de las Artes Nuevas (ADLAN) en la que se pudieron ver 16 de sus obras de la serie Cloacas y campanarios, 12 obras de la serie Arquitecturas minerales, 16 dibujos de la serie Construcciones rurales y varias de las cerámicas que realizó en la Escuela de Cerámica de Madrid. Del mismo modo, participó con dos obras en la Exposición Logicofobista celebrada en mayo en las Galeries d’Art Catalònia en Barcelona y con otra obra en The International Surrealist Exhibition celebrada en las Burlington Galleries de Londres en junio de este año.
Además, mientras que Miguel Hernández publicó su poemario El rayo que no cesa, que estuvo muy influenciado por Maruja, ella redescubrió la importancia del mundo rural en la manifestación del primero de mayo, que fue el germen de su serie La religión del trabajo, cuya primera obra es La sorpresa del trigo (1936), que terminó en Madrid y se llevó consigo tanto a Galicia como después al exilio.
Con el golpe de Estado de julio de 1936 todo cambió rápidamente, ya que los dibujos que Maruja Mallo estaba haciendo en Vigo en su Cuaderno de Galicia se paralizaron para buscar una rápida escapatoria del país. En esta huida hacia Portugal le acompañó un sindicalista llamado Alberto Fernández Martínez más conocido como Mezquita (Mezquita, Ourense, 1898-Caracas, 1968), que fue interceptado por la policía, mientras que Maruja pudo seguir su camino porque tenía un salvoconducto diplomático que le había conseguido la escritora Gabriela Mistral (Vicuña, 1889-Nueva York, 1957), que era la embajadora chilena en Lisboa. Así es como Maruja Mallo logró embarcarse en el buque Alcántara y puso rumbo hacia Argentina, donde viviría exiliada durante veinticinco años.
Lo cierto es que lo que ella realmente tenía en mente en un primer momento era estar exiliada el tiempo que el gobierno de la República tardase en ganar la guerra, pero esto finalmente no se pudo dar. En agosto de 1938 contó para La Vanguardia casi por fascículos su visión de la guerra que ella vivió en primera mano, titulándolo “Relato veraz de la realidad en Galicia”, del que procede el siguiente fragmento:
“Las carreteras y los pueblos de Galicia, antes del 18 de julio estaban repletos de campesinos que transitaban cargados de trigo y leña y de marineros que poblaban las playas inundándolas de redes y peces, cantando sus romances populares y sus canciones improvisadas. Ese mismo pueblo no canta ya. Claman justicia por las carreteras y por las riberas grupos de mujeres y niños desamparados. Galopan hacia los montes lo hombres perseguidos como perros, por la fiera agresión de los falangistas, por la brutal cacería de los nacionalistas que disparan ante la personalidad humana”.
A nivel artístico ella estuvo completando su serie La religión del trabajo, todavía vinculada plenamente a España porque no deja de representar a las pescadoras y a las agricultoras que dejó al partir de la Península. En este caso las pescadoras tienen un mayor predominio en este ciclo porque juega mucho con las redes y con los útiles de la pesca para hacer composiciones donde lo geométrico sigue siendo lo fundamental.
Del mismo modo, en sus primeros años en Argentina, Maruja Mallo estuvo dando conferencias sobre su arte invitada por Asociaciones de Amigos del Arte, como por ejemplo Proceso histórico de la forma en las artes plásticas (recogidas en un libro publicado por la Editorial Losada y prologado por Gómez de la Serna en 1942) y estuvo colaborando con la revista vanguardista Sur, dirigida por Victoria Ocampo (Buenos Aires, 1890-Béccar, 1979) y en la que también escribía Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986).
También se estrenó en Argentina el 2 de agosto de 1938 Cantata en la tumba de García Lorca, de Alfonso Reyes Ochoa (Monterrey, 1889-Ciudad de México, 1959), que contó con decorados de la artista gallega.
En ese sentido cabe decir que a partir de este periodo la producción de Maruja Mallo (salvo muy honrosas excepciones como la de la Galería Guillermo de Osma) ha sido apenas estudiada, contribuyendo ello a la percepción de que la producción americana de Maruja Mallo es menos importante. De hecho, la falta de conocimiento se ha querido enmascarar con la idea de que produjo mucho menos en aquellos años y que estuvo en un segundo plano en la escena artística, cuando este argumento es categóricamente falso.
Sabemos que, una vez integrada en Argentina, tuvo la posibilidad de repetir sus conferencias en otros lugares de América Latina como Uruguay y Chile, de forma que pudo visitar las playas de Punta del Este y de Valparaíso, por ejemplo, conocer a sus gentes y tomar conciencia de la exuberante naturaleza que allí había y que era tan diferente a lo que Maruja Mallo había visto en España.
De este modo surgieron dos series simultáneas, pero no de la misma duración. Por una parte, tenemos Naturalezas vivas (1941-1944), donde la artista gallega plasmó bodegones formados a partir de las enormes conchas que fue encontrando en las costas de Chile fundamentalmente (animando a Pablo Neruda a comenzar su propia colección de conchas). Es en este contexto donde pintó su célebre El racimo de uvas (1944), que siempre se ha interpretado como un homenaje a Miguel Hernández, quien falleció dejado a su suerte en la cárcel de Alicante en 1942.
En paralelo, Maruja Mallo estuvo pintando La supremacía de las razas o Retratos bidimensionales (1941-1959), donde realiza retratos de frente y sobre todo de perfil de personas que encontró en Latinoamérica muy alejadas de los estándares estéticos europeos, pero que le parecían igualmente cautivadoras por su belleza intrínseca. Estos retratos sirvieron también como denuncia del colonialismo español en América durante la Edad Moderna, que fue una posición que la autora llevó a gala en sus entrevistas en España después de la muerte del dictador, por no hablar de lo profunda que es la mirada etnográfica de Maruja Mallo.
En relación con el mundo marino del Pacífico, Maruja Mallo retocó una de sus fotografías más icónicas (y que tanta confusión han creado con su adscripción al Surrealismo), que es la del manto de algas de cinco metros de longitud en Chile. Tanto aquí como en la pintura mural que realizó para el Cine Los Ángeles de Buenos Aires en 1945, Maruja Mallo analiza el mundo subacuático formado por algas y moluscos. Lamentablemente esta obra mural se ha perdido y rara vez se repara en ella en el estudio de la obra de Maruja Mallo, donde demostró una clara polivalencia técnica que no siempre ha sido valorada.
Del mismo modo han sido invisibilizadas las exposiciones individuales que Maruja Mallo fue realizando en diferentes hoteles de toda América y en algunas galerías de arte, como las del Hotel Copacabana de Río de Janeiro en 1946, las del Hotel Plaza de Nueva York en 1947 y la que posiblemente es la más importante, la de la Carroll Carstairs Gallery de Nueva York en 1948, que fue lo que le animó a trasladarse a vivir a la ciudad de los rascacielos en 1949.
La producción de Maruja Mallo de la década de 1950 sigue estando vinculada a los Retratos bidimensionales, que es una serie de pinturas que no se conoce bien porque un joyero israelí afincado en Argentina y llamado Samuel Malá, compró más de treinta obras de esta serie para sus joyerías de Latinoamérica y muchas de ellas no se llegaron ni a fotografiar.
Con todo, Maruja Mallo siguió participando en exposiciones individuales y colectivas. Entre las individuales destacamos la de la Galerie Sivagni de París de 1950, la de la Galería del Este en Uruguay en 1952 y la de la Galería Bonino de Buenos Aires en 1957, mientras que de las colectivas llama la atención que participó en la Primera Bienal Hispano-Americana de Arte, celebrada en el Museo Arqueológico y el Parque del Retiro en 1951. En la primera de ellas, Maruja Mallo mostró la serie de las Máscaras, realizada en esta década con las playas de Chile y Uruguay como fondo, en las que la artista gallega mostraba su interés por los cultos sincréticos latinoamericanos.
Finalmente, Maruja Mallo regresó a España en 1962 después de veinticinco años exiliada. Se estableció en Madrid y volvió a colaborar de nuevo con la Revista de Occidente al tiempo que volvía a realizar exposiciones colectivas e individuales ya en España, como la exposición 9 pintores gallegos, realizada en la Galería Quixote de Madrid en 1967.
No obstante, la recuperación de Maruja Mallo no se producirá hasta 1975 con la muestra Surrealismo en España en la Galería Multitud de Madrid, que dio lugar a una catarata de exposiciones en las que participó Maruja Mallo en los siguientes años, también coincidiendo con el movimiento cultural de la Movida madrileña (mediados de los años 80). Para un mejor seguimiento de las exposiciones que realizó la artista tanto a nivel individual como colectivo, se recomienda el siguiente enlace de Ortuzar.
Por lo tanto, podemos decir que la figura de Maruja Mallo fue completamente recuperada para la sociedad española a partir de sus entrevistas de 1979 con Paloma Chamorro en el programa Imágenes. Artes visuales y la de 1980 con Joaquín Soler en el programa A fondo, donde podemos apreciar que Maruja cuenta muchas cosas de cabeza, por lo que a veces le bailan las fechas, amén de algunas omisiones sobre su vida privada como las relaciones que tuvo en España antes de la guerra.
Finalmente, entre mediados de la década de 1970 y principios de la década de 1980 Maruja Mallo realiza su última serie, que recibe el doble nombre de Moradores del vacío y Viajeros del éter, donde partiendo de la teoría de la relatividad de Einstein busca plasmar la quinta dimensión en la pintura a través de seres geométricos y naves espaciales que nos conducen a la vida en el espacio exterior.
En los últimos años de su vida, Maruja Mallo recibió todos los honores que merecía toda su producción artística, obteniendo la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes en 1982, la Medalla de la Comunidad de Madrid en 1990 y la Medalla de Galicia en 1991. Además, con motivo de su 90 aniversario, la Galería Guillermo de Osma mostró por primera vez su producción latinoamericana en España, que sirvió para poner en valor su trabajo más desconocido.
Maruja Mallo falleció en Madrid el 6 de febrero de 1995, siendo considerada actualmente una de las artistas más importantes del siglo XX en España y cuya obra es imposible de comprender bajo un único prisma, dado que su trayectoria es tan diversa, que Maruja Mallo no se puede reducir a una pintora surrealista, sino que dicho con sus propias palabras ella era marúnica, es decir, que siempre tuvo su propio estilo.
Valoración final:
- Guion
El guion de Carolina Corvillo recoge perfectamente la riqueza de los años madrileños de Maruja Mallo antes de la guerra.
- Dibujo y color
La estética de Irina Hirondelle es una aproximación muy interesante a la obra de la artista gallega porque no copia su lenguaje para realizar la historia, sino que se adapta a este sin perder su propia personalidad artística.
+ LO MEJOR
- El descubrimiento de la Maruja Mallo de los inicios, que es la más relevante para el estudio de la Historia del Arte.
- El respeto por la estética de Maruja Mallo sin caer en una burda copia de su lenguaje.
– LO PEOR
- Que esta obra clásica no se haya utilizado con frecuencia en las aulas de la ESO y de Bachillerato.
Aplicación en el aula...
Resulta una lectura indispensable para el alumnado de Geografía e Historia de 4º de la ESO, pero también puede funcionar muy bien en la Historia del Arte de 2º de Bachillerato.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
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