
Una, grande y desviada
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Novela Gráfica
- Fecha 1 de abril de 2025
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- Etiquetas #CómicsconHistoria, Antonio Santos Mercero, Editorial Drakul, Geografía e Historia 4º ESO, Historia de España 2º Bachillerato, Juan Sepúlveda Sanchís, Marina Cochet, Novela gráfica
Edición nacional: Drakul Editorial, 2018. |
Guion: Antonio Santos Mercero y Juan Sepúlveda Sanchís. |
Dibujo: Marina Cochet. |
Color: Marina Cochet. |
Formato: Rústica con solapas, 108 páginas. |
ISBN: 978-84-94589-77-5 Precio: 20,85€ (Comic : El violeta. Edición Tapa dura) |
Sinopsis:
El violeta nos cuenta la vida de Bruno y de Julián, dos chicos jóvenes que se conocieron en el Cine Ruzafa de Valencia y que llevaron su homosexualidad de forma muy diferente a lo largo de más de veinte años; es decir, desde los años finales del primer Franquismo hasta los meses previos a la desaparición del dictador.
Entre medias vemos cómo se producen las redadas policiales en los lugares donde los jóvenes gays se relacionaban, como los Jardines del Real (también llamados Jardines de Viveros) o en los cines anteriormente mencionados en un momento en el que acababa de endurecerse la legislación por parte del régimen para perseguir concretamente las actitudes que pudieran resultar sospechosas de homosexualidad.
A pesar de que nuestros dos protagonistas acaban pasando por la cárcel, su destino desde muy pronto será muy diferente, porque mientras Bruno será liberado por la intermediación de su padre, Julián, que ya era reincidente, fue enviado a Tefía, una prisión específica para la represión de homosexuales situada en la isla de Lanzarote y en la que los presos sufrían todo tipo de castigos físicos y psicológicos mientras realizaban trabajos forzados durante un tiempo estimado entre uno y tres años, hasta que las autoridades considerasen que estaban preparados para volver a integrarse en la sociedad franquista.
En cambio, el padre de Bruno, aparecido de la nada después de haberle abandonado años atrás, se encargará personalmente de reformar a su hijo, quien según él está confundido por no haber tenido una figura paterna en su infancia.
Para ello, tirará de contactos y le meterá en la Academia de Policía de Valencia, de forma que Bruno pasará de ser el perseguido a ser el perseguidor, metiendo sus impulsos en el fondo del armario e integrándose en la sociedad binaria y específicamente definida a nivel de género desde la cúspide hacia la base.
De este modo, las vidas de ambos se van distanciando y haciendo más incompatibles, porque mientras que Bruno traiciona sus ideales (pagando un alto coste) para casarse y formar una familia, Julián se sale de los esquemas normativos porque sigue manteniendo relaciones homosexuales y se integra cada vez más en grupos políticos que buscan alzarse contra el régimen, por lo que se convierte en un individuo muy incómodo para los cuerpos de seguridad del Estado.
En ese sentido, la narración se centra mucho más en las contradicciones de Bruno, quien vive encerrado en una cárcel de convencionalismos, anulando su forma de ser y amargándose a sí mismo a los que le rodean, como su mujer Maricruz y el hijo de ambos, quien se implica políticamente en la lucha de los derechos que su padre no se atrevió a defender.
Por todo ello, El violeta es una novela gráfica que merece la pena leer para comprender la historia reciente de España, llena de luchas por defender un sistema de valores, injusticias y muchas contradicciones a varios niveles.
Contexto histórico:
Malos tiempos para salirse de la norma.
Como el mejor aliado de la desmemoria es el desconocimiento, pongamos hoy el contexto para comprender y valorar hasta qué punto actuaron los campos de concentración para reprimir la homosexualidad en España durante la dictadura franquista.
Ni qué decir tiene que para un estudio general de los campos de concentración durante el Franquismo existen cada vez más estudios a partir de testimonios de los familiares de los represaliados en los mismos y de documentación de archivo (recomendamos el proyecto de Los campos de concentración de Franco realizado por Carlos Hernández de Miguel), pero siguiendo el tema principal de la novela gráfica yo prestaré más atención al modo en que evolucionó la persecución de la homosexualidad por parte del régimen.
Asimismo y antes de empezar, quiero señalar que me hubiera resultado mucho más complicado realizar el contexto de esta novela gráfica sin el libro de Mikel Herrán, Sodomitas, vagas y maleantes (Planeta, 2024).
Empecemos pues por el principio, por la Ley de Vagos y Maleantes, promulgada durante el Bienio Reformista de la II República Española (1931-1933), que pretendía reconducir en agosto de 1933 conductas consideradas antisociales, como eran la mendicidad, el nomadismo, el proxenetismo, la desobediencia a las autoridades, los juegos de azar, el alcoholismo, la falsedad documental o la emigración ilegal entre otras.
De todas las conductas tipificadas como antisociales, llama la atención la última de las diez que se recogieron, que habla de “una conducta reveladora de inclinación al delito”, es decir, que se adelanta punitivamente al hecho delictivo, filosofía que se aplicará de manera recurrente durante el Franquismo a la hora de perseguir la homosexualidad.
Con todo, en ningún apartado de la ley original de la II República de 1933 aparece una mención que denote que la homosexualidad sea una conducta antisocial y que por lo tanto deba estar perseguida por la ley en sus diferentes estamentos.
No es hasta 1954 en la que el régimen franquista no introdujo una modificación en los artículos 2 y 6 de la ley original en la que sí se incluyó por primera vez una represión explícita a los homosexuales.
Como hemos mencionado, en este caso no se perseguían delitos per se, sino que las conductas o actitudes que llevasen a pensar a las autoridades que podría llegar a producirse una relación homosexual eran más que suficientes para imputárselas a sus autores y para aplicarles medidas correctoras inmediatamente.
Entre las medidas correctoras estipuladas desde entonces por el Régimen se encontraban el encarcelamiento en campos de internamiento que recibían el nombre de “Reformatorios de Vagos y Maleantes”, pero que podían asimismo tener otros nombres más eufemísticos como “Colonia Agrícola Penitenciaria”, como la que hubo en Tefía, pueblo perteneciente a la localidad de Puerto del Rosario, en Fuerteventura.
Dicho encarcelamiento podía durar entre uno y tres años, dependiendo de la valoración que se hiciera por los psiquiatras del centro de los progresos del preso en su normativización social desde el punto de vista conductual.
Para valorar el grado de gravedad de la homosexualidad (que se trataba como una enfermedad mental dañina para la sociedad por ser tenida como contagiosa), se hacía un estudio físico en profundidad del preso y de ese modo se podía hacer un seguimiento de la evolución de dicha “patología” en la persona allí encerrada. Mientras tanto, todos los presos eran vejados, golpeados y obligados a realizar trabajos forzados como medios para la reconversión de su conducta desviada.
Por si fuera poco, una vez liberado de estos campos de concentración, el antiguo preso seguía teniendo una prohibición temporal a volver a su ciudad de origen, y tenía la obligación de presentarse periódicamente ante las autoridades por un periodo de cinco años para comprobar que sus actividades homosexuales habían finalizado efectivamente. En caso de no presentarse o de volver a frecuentar ambientes homosexuales, el condenado volvería a empezar este inhumano proceso nuevamente.
En el caso que nos ocupa, los protagonistas de la novela gráfica están inspirados en la vida de Octavio García Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1931-Las Palmas de Gran Canaria, 2018), preso en Tefía que con posterioridad contó todo lo que le ocurrió estando allí.
Evidentemente, nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de algunos científicos de reconocido prestigio en la época, que actuaron junto con la Iglesia y con el estamento judicial como conglomerado que facilitó la represión de cualquier tipo de disidencia sexual o de género en España durante el régimen franquista.
La pátina de objetividad aportada por la ciencia al servicio de los intereses de la dictadura comenzó con la labor eugenésica de Antonio Vallejo-Nájera (Paredes de Nava, 1889-Madrid, 1960), que buscó pertinazmente el denominado “gen rojo”, de manera que pudiera extirpar ese mal del cuerpo de los españoles.
Su corpus teórico también fue claramente determinante en las políticas aplicadas por el Patronato de Protección a la Mujer (se recomienda la escucha del podcast de Divulvadoras de la Historia realizado por Carmen Guillén) para la sustracción de bebés recién nacidos a sus madres para entregárselos a otras familias más pudientes y con una ideología afín al Régimen. De este modo, se cumplía con una eugenesia positiva, que en vez de castrar evitaba la reproducción de determinados elementos de la sociedad.
Con el aperturismo del régimen a partir de principios de la década de 1960 se produjeron cambios a la hora de afrontar el problema que les suponía que la homosexualidad no desaparecía a pesar de todas las medidas correctoras llevadas a la práctica durante años.
En ese sentido, tampoco convenía dar una imagen muy nociva al exterior, sobre todo en aquellas zonas turísticas más frecuentadas por los extranjeros, que se tenían que llevar una imagen de que el país se estaba modernizando pese a seguir siendo una dictadura para que quisieran seguir eligiendo a España como destino turístico.
Es por ello que en 1970 entrará en vigor la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que percibe a los homosexuales como enfermos a los que tratar y rehabilitar en la sociedad (un poco siguiendo la línea Gregorio Marañón (Madrid, 1887-Madrid, 1960) a principios de siglo), por lo que los campos de concentración de la etapa anterior dejaron de utilizarse, pero no otras dependencias de reclusión de los homosexuales, que seguían siendo considerados nocivos para la sociedad. Curiosamente, se sabe que este cambio molestó bastante a Pilar Primo de Rivera (Madrid, 1907-Madrid, 1991), hermana del fundador de la Falange Española y creadora de la Sección Femenina de la Falange Española, quien era contraria a cualquier tipo de reinserción de personas declaradas como homosexuales por las estructuras punitivas del Estado.
El psiquiatra encargado de esta adaptación a los nuevos tiempos fue Juan José López Ibor (Sollana, 1906-Madrid, 1991), discípulo de Vallejo-Nájera y perpetuador por tanto de la doctrina biologicista del régimen.
Sería un error pensar que en el tardofranquismo mejoraron las cosas, porque con el cambio de formas, no vinieron de la mano de cambios en el fondo de la cuestión, ya que hubo una clasificación más metódica de los homosexuales y los tratamientos a aplicar han llegado casi hasta el presente debido al gran prestigio que tuvieron en su época.
En primer lugar entre las pesquisas para el estudio del grado de homosexualidad del paciente se incluía una valoración de los pliegues del esfínter para ver si se trataba de un homosexual activo o pasivo, del mismo modo que se analizaba también el tamaño del aparato sexual, la potencia de la longitud de onda de la voz del preso y su contexto homoerótico como medio para determinar si su homosexualidad era congénita o social (siendo en este caso víctima de otro homosexual mucho más procaz y peligroso).
Ello llevó a la creación de dos cárceles específicas para su tratamiento, siendo la cárcel de Huelva la destinada a los homosexuales activos y la de Badajoz a los homosexuales pasivos. El problema es que ambas cárceles se llenaron y tuvieron que desplazar a los presos homosexuales sobrantes a módulos cerrados de cárceles no especializadas, por lo que todo este experimento bio-social dejó de tener sentido. También es muy significativo que ambos recintos en la actualidad se utilicen como espacios culturales al tiempo que preservan la memoria de lo que allí ocurrió.
Aparte, López Ibor es célebre por ser el introductor de las terapias de conversión, que consistían por una parte en la aplicación del electroshock para la reducción y final desaparición de las pulsiones homoeróticas, hasta la aplicación de lobotomías en las que el propio psiquiatra se jactaba de su éxito en congresos internacionales de psiquiatría, pese a que el paciente tratado remitía problemas de visión y de movilidad después de la operación.
No obstante, y pese a la acción policial, empezaron a crearse las primeras asociaciones homosexuales que buscaron enfrentarse a la puesta en práctica de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social siguiendo el modelo del Gay Liberation Front, creado en los Estados Unidos en 1969. Este es el caso de la Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS), creada en Barcelona y que fue la primera organización que defendió los derechos de la comunidad LGTB en España (antes de que se llamase así). En la misma participaron el genealogista Armand de Fluvià (Barcelona, 1931-Barcelona, 2024) y el cineasta Ventura Pons (Barcelona, 1945-Barcelona, 2024), responsable de Ocaña, retrato intermitente (1978), quizá el primer gran documental sobre la homosexualidad producido en España.
Al año siguiente, además de que el movimiento tuvo ramificaciones en Madrid y en Bilbao, se produjo un hecho bastante significativo, que fue la redada en el Pasaje de Begoña en Torremolinos, hecho que tuvo bastante impacto porque esta era una zona que recibía bastante turismo extranjero y que se daba por sentado que el régimen no se expondría a mostrarse como reaccionario. Las zonas más frecuentes en las redadas policiales hasta entonces solían ser los baños públicos o locales de ambiente que no se encontrasen en zonas turísticas.
Este hecho no hizo disminuir la acción de AGHOIS, quienes publicaron una revista entre 1972 y 1973, de manera que se imprimía en Perpiñán y se fue enviando desde París en 1972 y desde Suecia en 1973 por las quejas del embajador español en Francia.
AGHOIS desapareció como organización entre finales de 1973 y principios de 1974 debido a un aumento de la presión policial sobre dicho grupo.
Del mismo modo, no podemos pensar que muerto el dictador se acabó la rabia, ya que no hubo una despenalización inmediata de la homosexualidad en España, ni mucho menos. De hecho, en las últimas semanas de 1975 se creó el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) y en 1977 surgió la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COLFLHEE), que fue el primer movimiento a nivel nacional.
Con todo, un antes y un después se produjo el 26 de junio de 1977 con la primera manifestación por los derechos homosexuales en las ramblas de Barcelona, en la que participaron más de 4.000 personas. La misma fue encabezada por el colectivo transexual, dotando a la marcha todavía de una mayor significación.
Dentro de la cultura visual, en este marco temporal previo a la despenalización de la homosexualidad, también podéis encontrar una película llamada Te estoy amando locamente (Alejandro Marín, 2023), ambientada en la ciudad de Sevilla.
La reacción por parte de la política se hizo esperar hasta el 10 de febrero de 1978, momento en el que el nuevamente legalizado Partido Comunista de España (PCE), planteó una enmienda a una proposición de ley registrada por el PSOE para la reforma de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social para la eliminación de los apartados que incluían las menciones a los actos de homosexualidad.
Tuvo que darse todavía el 25 de julio la primera gran manifestación en favor de los derechos de los homosexuales en Madrid (considerada la primera marcha del Orgullo en la capital) para que el 20 de noviembre de ese año la comisión encargada para debatir la modificación de la ley emitiese un dictamen a favor de la eliminación del apartado tercero del artículo segundo y que se votó en el Congreso de los Diputados el 26 de diciembre de 1978 aprobándose por mayoría la supresión de la norma.
A pesar de todo, hubo que esperar al 11 de enero de 1979 para que la norma apareciera en el BOE y algún año más para que se liberasen a los últimos presos que hubo en España encarcelados por conductas homosexuales, al igual que ocurrió con las redadas policiales, que se extendieron hasta principios de la década de 1980.
Por último, la legalización de las asociaciones LGTBI (que no se llamaban así entonces) no se produjo hasta 1980, la Organización Mundial de la Salud (OMS) no dejó de incluir la homosexualidad en la lista de enfermedades mentales hasta 1990 y la transexualidad en la lista de trastornos hasta 2018. En 2023 se prohibieron en España las terapias de conversión promovidas desde los tiempos de López Ibor.
Valoración final:
- Guion
El guion de Antonio Santos Mercero y Juan Sepúlveda Sanchís es muy interesante porque partiendo de hechos reales desarrollan una historia con personajes completamente ficticios que se acercan mucho a los pesares, las inseguridades y las contradicciones que debieron de padecer las personas que sufrieron el acoso y derribo por parte del Régimen por su condición sexual.
- Dibujo y color
El trabajo de Marina Cochet es impresionante, trasladando al lector a la Valencia y a la Fuerteventura de los años 50 y posteriores.
+ LO MEJOR
- Pone en el punto de mira el problema de la homosexualidad en España durante el Régimen franquista.
- Hay un trabajo riguroso con las fuentes de la época para que podamos entender los problemas que atravesaron los protagonistas de la obra.
– LO PEOR
- Que la obra no sea conocida por el público general a pesar de su gran aceptación a nivel académico.
Aplicación en el aula...
Imprescindible en la asignatura de Geografía e Historia de 4º de la ESO y de Historia de España de 2º de Bachillerato. En una sociedad que pretende ser diversa e igualitaria no deberían pasarse por alto las conquistas sociales producidas en el pasado por el colectivo LGTIB+.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
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