
El año en el que los franceses vivieron peligrosamente
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Novela Gráfica
- Fecha 1 de agosto de 2024
- Comentarios 0 Comentarios
- Etiquetas #CómicsconHistoria, Bernar Yslaire, Geografía e Historia 3º ESO, Historia del Arte 2º Bachillerato, Historia del Mundo Contemporáneo 1º BACHILLERATO, JeanClaudeCarrière, Novela gráfica
Edición original: Le ciel au-dessus du Louvre (Futuropolis, 2009) |
Edición nacional: 001 Ediciones, 2010. |
Guion: Jean-Claude Carrière |
Dibujo: Bernar Yslaire |
Color: Bernar Yslaire |
Formato: Cartoné, 72 páginas. |
ISBN: 9788896573846 Precio: 19,90€ ( El cielo sobre el Louvre (001 Ediciones) (whakoom.com)) |
Sinopsis:
El cielo sobre el Louvre nos sumerge de lleno en el periodo del Terror, que fueron los meses más convulsos de la Revolución francesa bajo el gobierno jacobino. En este momento encontramos a Jacques-Louis David, que se debate durante semanas sobre cómo afrontar el encargo más complejo de su carrera: el de dar forma estética al Ser Supremo que Robespierre quiere consolidar como nueva deidad revolucionaria en sustitución del anterior culto católico que ha sido suprimido por la Revolución.
A lo largo de esta búsqueda estética que David no sabe muy bien cómo resolver, se entrecruza otro encargo de la Convención, la representación de Joseph Bara, el tamborilero de trece años asesinado en el transcurso de la Guerra de Vendée que fue convertido inmediatamente en un joven mártir de la Revolución. Esta pintura acompañaría a otras dos obras conmemorativas que nuestro autor había realizado en 1793: el Retrato de Le Peletier en su lecho de muerte y La muerte de Marat, ambos considerados también mártires de la Revolución.
Del mismo modo, la historia se ve atravesada por la vorágine de ejecuciones que no dejó de crecer en Francia desde la decapitación de Luis XVI el 21 de enero de 1793 hasta la caída de Robespierre y los robespierristas el 27 de julio de 1794, elevando hasta 40.000 las víctimas del periodo del Terror, el cual (desde el punto de vista jacobino) se entendía como salvaguarda justificada de los logros que la Revolución había conseguido para la sociedad. Justo en medio de semejante berenjenal está David, quien, como muestra la novela gráfica, estuvo metido hasta la médula en el Comité de Seguridad General, uno de los dos órganos que estudiaba las denuncias recibidas sobre posibles traidores a la Revolución.
En este punto entra en juego un joven personaje jazarí llamado Jules Stern, que servirá a David como modelo para su cuadro de Bara. David llegó a pensar por un momento que también le serviría para buscar la belleza ideal que Robespierre le había encargado que encontrara para su Ser Supremo.,
Finalmente, David no conseguirá satisfacer las expectativas que Robespierre había puesto en él a la hora de diseñar un Ser Supremo que convenciera al pueblo francés del nuevo dios al que debían adorar, pero el devenir de los acontecimientos tampoco dio tiempo a muchos reproches porque el final del Incorruptible no se hizo esperar y David mantuvo la cabeza en su sitio a pesar de que pasó una temporada en la cárcel.
Contexto:
Todo un animal político.
La disciplina de la Historia del Arte nos ha ofrecido varias herramientas para analizar la obra de arte desde que fuera inaugurada por Johann Joachim Winckelmann (Stendal, 1717-Trieste, 1768) a mediados del s.XVIII.
En ese sentido, uno de los debates más candentes en los últimos años es si de cara a estudiar la carrera de un artista se debe o no separar la obra de su vida o, dicho de otro modo, si debemos quedarnos solamente con sus aportaciones estéticas a la Historia del Arte o si debemos también conocer cómo pensaba, cómo se comportó en vida y otros factores como su ideología, su orientación sexual o el credo que profesaba (si era el caso).
Quienes apuestan por separar la obra de la vida del artista normalmente le dan mucho peso a los análisis de tipo formal e iconográfico, porque los aspectos sociológicos ya implican una mayor profundización en cuestiones más personales de dicho autor o autora. De ese modo, en el caso de Jacques-Louis David (París, 1748-Bruselas, 1825) su obra se plantea muchas veces como el gran ejemplo del Neoclasicismo por la forma tan equilibrada que tiene de componer desde el punto de vista formal y por la utilización de abundantes temas clásicos grecolatinos en sus obras desde el punto de vista iconográfico. La pregunta es si nos quedamos aquí o deberíamos ir más allá.
Desde mi punto de vista, David es el perfecto ejemplo de que no se debe separar al autor de su obra porque ambas cosas se complementan y porque las decisiones artísticas no están al vacío; siempre están conectadas con una personalidad marcada por los elementos anteriormente citados. Es más, posiblemente hasta Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) es difícil encontrar una obra artística que tenga tantas referencias políticas como las que tuvieron las de David en su día, si bien estas unas veces estaban camufladas como obras mitológicas y en otras ocasiones eran abiertamente parte de la propaganda oficial.
También hay que decir, para que nadie se lleve las manos a la cabeza antes de tiempo, que arte y política han ido siempre de la mano desde que el mundo es mundo, y que unidas a la religión han sido un trinomio más que recurrente en la Historia del Arte. Sirvan la Estela de Naram-Sin (2254-2218 a.C.) o el propio Partenón (447-438 a.C.) como ejemplos muy obvios (de entre los muchos que hay) de lo que estamos hablando.
Pasemos entonces a analizar la carrera de David y la enorme importancia que tuvo en la política francesa de la época de la Revolución y del Imperio napoleónico.
Jacques-Louis David nació en 1748 en una familia acomodada de París, pero su padre murió en un duelo en 1757 y su madre le envío al cuidado de sus tíos, quienes le matricularon en el Colegio de las Cuatro Naciones para que recibiera una esmerada educación.
No siendo un estudiante destacado, pronto se decantó por estudiar pintura frente a la idea que tenían en su familia de que estudiase arquitectura. Sea como fuere, David acabó en el taller del famoso pintor rococó François Boucher (París, 1703-París, 1770), quien pronto le dejó bajo la tutela de quien sería su verdadero primer maestro, que fue Joseph-Marie Vien (Montpellier, 1716-París, 1809). Este, a pesar de no ser tan conocido por el público en general, tuvo una importante trayectoria en el mundo académico y supo guiar a David para que lograse sus objetivos como estudiante de Bellas Artes.
A pesar de estar indudablemente dotado para la pintura, David no consiguió el Premio de Roma (una beca de cuatro años para estudiar en la ciudad de las artes) hasta su quinto intento, en 1774 con su Erasístrato descubre la causa del mal de Antíoco, mucho después de lo que él hubiera esperado, pues era consciente de sus propios méritos.
Ya en Roma, en 1775 coincidirá con su maestro Joseph-Marie Vien como director de la Academia de Francia en Roma, lo cuál le facilitó mucho las cosas en aquellos momentos, como por ejemplo, que se le extendiera la beca un año más después de haber cubierto los cuatro estipulados. Además, quedó fascinado por el arte de los grandes maestros, especialmente de Rafael Sanzio (Urbino, 1483-Roma, 1520), pero también era admirador de Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ercole, 1610), por raro que esto nos parezca.
En su estancia en Roma pinta varias obras dentro de la pintura de historia (pintura religiosa, pintura mitológica o pintura de acontecimientos históricos) con distinta suerte, porque El funeral de Patroclo (1778) no recibe buenas críticas por no estar bien compuesto, mientras que al volver de Roma en 1780 realiza entre otras obras su Belisario pidiendo limosna (1780) y su San Roque pidiendo a la Virgen por los apestados (1780) para presentarlas en el Salón de 1781.
Aunque finalmente sus obras fueron aceptadas y recibió los elogios del mismísimo Denis Diderot (Langres, 1713-París, 1784), quien dijo (citando a Racine) que “Todos los días lo veo y siempre creo que lo veo por primera vez”, David estaba más que disconforme con la norma que había puesto el aposentador real, el conde de Angiviller (Beauvaisis, 1730-Altona, 1809), por la que solamente podía participar en el Salón quienes hubieran sido previamente aprobados por la Real Academia de Pintura y Escultura. En el futuro nuestro autor cargaría contra el aposentador real por otros motivos porque le consideraba parte del establishment, estructura de poder que él mismo se encargaría de ir desmantelando durante la Revolución.
Lo cierto es que no le fue todo tan mal como David lo pintaba, porque antes de casarse en 1782 con Marguerite-Charlotte Pécoul (París, 1764-París, 1826), cuyo padre era contratista del rey, le permitieron realizar un viaje a Bruselas con el objetivo de estudiar a los maestros flamencos, especialmente a Peter Paul Rubens (Siegen, 1577-Amberes, 1640); también pudo abrir su propio taller y recibir a sus primeros alumnos (entre los que destacará Girodet-Trioson (Montargis, 1767-París, 1824)). Al año siguiente ingresó como académico gracias a El dolor y los remordimientos de Andrómaca frente a Héctor muerto (1783).
Con todo, David se volvió a sentir agraviado en tres ocasiones más: cuando en 1784 presentó el Juramento de los Horacios en el Salón y lo situaron mal dentro de la exposición (lo cual no afectó a que la obra tuviera mucho éxito), en 1786 cuando el Premio de Roma se declaró desierto porque todos los alumnos que se postulaban al premio eran a su vez alumnos de David, o lo que a él le pareció más grave, en 1787 cuando desestimaron su candidatura para presidir la Academia de Francia en Roma porque lo veían demasiado joven para el puesto.
Llegamos a 1789, inicio de la Revolución Francesa y momento a partir del cual las obras de David empiezan a tener una lectura claramente política a pesar de que sigue utilizando temas de la antigüedad clásica. Este año presentará al Salón Los lictores llevan a Bruto los cuerpos de sus hijos, que habla del sacrificio enorme que hace Bruto por salvaguardar la república romana. Ello en estas fechas tan sensibles se vio como un alegato en contra de la monarquía y en favor de un nuevo sistema republicano que no existía, de forma que el conde de Angivillers intervino para que la obra no se exhibiera en el Salón de aquel año. Esto se vio como un acto de censura por parte del aposentador real, por lo que las protestas arreciaron y este tuvo que recular con una condición, que David ocultase las cabezas de los hijos de Bruto, que aparecían explícitamente en el segundo plano del cuadro, a lo cual accedió David cobrándose esta victoria sobre la Academia.
A pesar de todo lo acontecido en 1789, como el juramento del juego de pelota del 20 de junio, la formación de la Asamblea Nacional Constituyente el 9 de julio y la toma de la Bastilla el 14 de julio o la aprobación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano el 26 de agosto, David no entró activamente en política hasta 1790, año en el que se unió al club de los jacobinos (llamado originalmente Amigos de la Constitución) y en el que aceptó el encargo de pintar un cuadro de enormes dimensiones que inmortalizase el juramento del juego de pelota, siendo este el primer acto de desobediencia contra el monarca.
Lo más que había hecho en 1789 fue rebelarse contra el establishment de la Academia junto con Jean-Bernard Restout (París 1732-París, 1797) para exigir que no hubiese privilegios para los académicos frente a los que todavía no lo eran, como el derecho a exponer cada año en el Salón si lo deseaban o no recibir penalización si no querían hacerlo por el hecho de estar ya consagrados. Al año siguiente David llegó a hacer campaña para la supresión de todas las academias (no solamente la de Bellas Artes), desvinculándose de la Real Academia de Pintura y Escultura.
Con respecto a El juramento del juego de pelota, que es la primera gran obra propagandística de David en el contexto de la Revolución, esta quedó inacabada porque a medida que pasaban los meses y los años, varios de los seiscientos representantes que allí aparecían pasaron por la guillotina, por lo que el asunto se fue convirtiendo en algo bastante incómodo. De hecho, David acabó abandonando el proyecto en 1801 porque el encargo original entonces ya había perdido todo el sentido.
En los siguientes años el nivel de involucramiento de David dentro de la política revolucionaria en general y de los jacobinos en particular fue in crescendo, de manera que sus actividades artísticas y políticas se entremezclan de tal manera que es francamente difícil separar las unas de las otras. Evidentemente, este posicionamiento tan claro hará que David vaya perdiendo sus relaciones con la nobleza liberal, que habían sido sus mecenas hasta los primeros meses de la Revolución.
Entre los cargos que David fue teniendo dentro del ámbito político desde que fue elegido como diputado por París en la Convención Nacional el 7 de septiembre de 1792, encontramos sus responsabilidades dentro de la sección de museos de la propia Convención, su designación como miembro del Comité de Instrucción Pública y como miembro de la Comisión de Monumentos (13 de octubre de 1792). A su vez, ya en 1793 fue elegido como Presidente del Club de los Jacobinos (entre el 16 de junio y el 13 de julio), Secretario de la Convención (desde julio) y miembro del Comité de Seguridad General y Presidente de la Sección de Interrogatorios (desde el 14 de septiembre). Finalmente en 1794 fue elegido Presidente de la Convención Nacional del 5 al 21 de enero.
Toda esta ristra de nombramientos facultó a David para marcar los criterios del Salón ya desde agosto de 1791, siendo el primer comisario del “Salón de la libertad”. También le sirvió para que se encargase de la organización de las fiestas cívicas y revolucionarias, ya que hubo que sustituir todas las festividades cristianas por nuevas festividades vinculadas a la Revolución, al mismo tiempo que se celebraron procesiones cívicas para acompañar a los restos de los ídolos y héroes revolucionarios como Voltaire (París, 1694-París, 1778), Jean-Jacques Rousseau (Ginebra, 1712-Emernonville, 1778), Louis-Michel Le Peletier (París, 1760-París, 1793) o Jean-Paul Marat (Boudry, 1743-París, 1793) al Panteón, donde serían depositados señalándoles como ejemplos a seguir. El cambio de mentalidad fue tan transgresor que hasta el nuevo calendario revolucionario (aplicado con sentido retroactivo desde octubre de 1793) no tenía nada que ver con el calendario gregoriano.
Del mismo modo, se encargó de realizar sendas pinturas para recordar los asesinatos de Le Peletier y de Marat respectivamente, las cuales se dispusieron en la sala de reuniones de la Convención. No obstante, en la actualidad solamente conservamos el de Marat, ya que el de Le Peletier le fue devuelto a su hija y esta lo destruyó en 1826 siguiendo sus ideales monárquicos. Por eso solamente conservamos un boceto de David y otros dibujos de seguidores de David como Anatole Devosge (Dijon, 1770-Dijon, 1850) o Pierre-Alexandre Tardieu (París, 1756-París, 1844) basados en la obra ya terminada de su maestro.
Incluso se le atribuye a David la sugerencia de los colores (y su orden) de la bandera tricolor, que fue introducida el 15 de febrero de 1794.
Mucho más delicado es observar el papel político que tuvo David en aquellos años, ya que votó a favor de la ejecución de Luis XVI en enero de 1793, en su puesto en el Comité de Seguridad General refrendó 300 órdenes de detención y 50 órdenes para llevar a sospechosos ante el Tribunal Revolucionario, no intervino en favor de antiguos clientes, como los hermanos Trudaine, los duques de Noailles, Antoine Lavoisier (París, 1743-París, 1794) o André Chénier (Constantinopla, 1762-París, 1794) y tuvo una implicación directa en el interrogatorio aplicado a María Antonieta antes de que fuera ejecutada en la guillotina. De hecho, ello explica que se tomase la molestia de hacer un dibujo de la antigua reina sentada en el cadalso minutos antes de ser ejecutada el 16 de octubre de 1793. Para entonces su hasta entonces esposa Marguerite-Charlotte ya se había divorciado de David porque no estaba para nada de acuerdo con sus ideas.
Evidentemente, la caída de los hébertistas primero (24 de marzo) con Jacques-René Hébert (Alenzón, 1757-París, 1794) como líder y de los indulgentes después (5 de abril) con Georges-Jacques Danton (Arcis-sur-Aube, 1759-París, 1794) como máximo representante no repercutió lo más mínimo en David. Muy diferentes fueron los acontecimientos del 8 termidor del año II (26 de julio de 1794) en los que los robespierristas fueron apresados para ser ejecutados justo al día siguiente en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia), dado que David era muy cercano no solamente a los planteamientos de Robespierre, sino que también formaba parte de su grupo junto con Louis de Saint-Just (Decize, 1767-París, 1794), Georges Couthon (Orcet, 1755-París, 1794), o Philippe-François-Joseph Le Bas (Frèvent, 1762-París, 1794).
David se salvó de ser ejecutado junto con todos los robespierristas porque el 8 termidor no asistió a la sesión de la Convención. Tres días más tarde, André Dumont (Oisemont, 1764-Abbeville, 1838), Jean-François Goupilleau (Vendée, 1753-Vendée, 1823) y Laurent Lecointre (Versalles, 1742-Guignes, 1805) le fueron a pedir explicaciones sobre su apoyo a Robespierre y por su ausencia en la Convención el día en que cayeron Robespierre y los suyos, contestando a lo segundo que el día señalado estaba enfermo y se quedó en casa y renegando de los robespierristas y de sus ideas bajo todo concepto. El caso es que David no debió de ser muy convincente porque con las mismas le apartaron de todas sus responsabilidades en el Comité de Seguridad General y el 2 de agosto de 1794 fue encarcelado temporalmente en el hotel Ferme Générale, siendo trasladado al Palacio de Luxemburgo el 28 de agosto. Eso sí, le dejaron que tuviera sus propios materiales de pintura, de forma que pudo pintar su famoso autorretrato de 1794 en el que se hace un buen lavado de cara y se quita algunos años y presumiblemente también el de su carcelero.
No mucho después, David saldría liberado tras el sobreseimiento de su causa por parte de las tres comisiones que lo estudiaban (Seguridad Pública, Seguridad General y Educación Pública) y también gracias a la presión ejercida por sus alumnos y por François-Antoine de Boissy d’Anglas (Saint-Jean-Chambre, 1756-París,1826).
Pese a ello, en mayo de 1795 David volvió a ser encarcelado tras una nueva denuncia proveniente de la Sección de Museos, de forma que entró primero en el Colegio de las Cuatro Naciones (donde había estudiado) y posteriormente fue trasladado a Saint-Ouen donde estuvo bajo vigilancia.
Finalmente, David se vería beneficiado de una amnistía general aplicada el 26 de octubre de 1795, coincidente con el final de la Convención y con el comienzo del Directorio.
Tras ello David se embarcó en un proyecto ambicioso, que fue el de La intervención de las Sabinas (no confundir iconográficamente con El rapto de las Sabinas), en el que se remitía de nuevo a la Antigüedad romana para lanzar un mensaje de concordia y reconciliación entre las distintas facciones revolucionarias, ya dentro de la etapa del Directorio. Ello le sirvió para limpiar su imagen frente a la sociedad y para participar en política ya no desde los órganos de poder, sino creando el relato del nuevo líder francés, que sería Napoleón Bonaparte (Ajaccio, 1769-Santa Elena, 1821). También aprovechó para casarse de nuevo con Marguerite-Charlotte, quien había vuelto a estar a su lado tras ser encarcelado.
El resto de la vida de David ya es bastante conocida, puesto que se subió a la ola napoleónica teniendo una gran importancia en la creación del mito napoleónico tal y como nos ha llegado a nuestros días. Sí es cierto que tras la abdicación de Napoleón en Fontainebleau en abril de 1811 y el inicio de la primera restauración en la figura de Luis XVIII (Versalles, 1755-París, 1824), a David le ofrecieron quedarse como pintor del rey, pero él prefirió marcharse al exilio en Bruselas, que es donde falleció en 1825.
Valoración final:
- Guion
El guion de Jean-Claude Carrière está bien trazado pese a que se toma algunas licencias con respecto a Madame Trudaine, el tiempo que está David en prisión y el personaje jázaro, cuya conexión con el París revolucionario es lo más desconcertante de toda la obra.
- Dibujo y color
El trabajo de Bernar Yslaire por su parte es más que interesante porque la combinación del dibujo con el que diseña a los personajes con la introducción de obras o fragmentos de obras reales queda realmente bien. A su vez, es muy acertada la no idealización de Robespierre, quien aparece con la cara marcada por la viruela, realidad que se enmascaraba en sus retratos.
+ LO MEJOR
- Que es una obra que permite descubrir al David más desconocido para el gran público, que es su faceta más política.
- El ambiente de los meses del Terror del gobierno jacobino está muy bien cogido, porque se pasa de la euforia inicial al miedo final.
– LO PEOR
- Las fechas del calendario revolucionario son liosas para los no iniciados. Les hubiera faltado una correspondencia con nuestro calendario para que la lectura del paso del tiempo fuese más sencilla.
Aplicación en el aula
Aunque por temario es una novela gráfica que podría utilizarse en Geografía e Historia de 3º de la ESO, por el nivel de profundidad que alcanza resulta más adecuada para Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato. Puede ayudar al alumnado a clarificar mucho el periodo más convulso de la Revolución, que es el relativo al gobierno jacobino.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
También te puede interesar
¿Y si cuidar fuera el corazón de la educación?
Dos holandeses tras los pasos de Caravaggio
