
La primera campaña de vacunación mundial
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Ciencia, Historia, Novela Gráfica
- Fecha 10 de julio de 2024
- Comentarios 2 Comentarios
- Etiquetas #CómicsconHistoria, Biología y Geología 3º ESO, Biología y Geología 4º ESO, Geografía e Historia 3º ESO, Novela gráfica
Título: El mar recordará nuestros nombres (Planeta Cómic, 2021) |
Guion: Javier de Isusi |
Dibujo: Javier de Isusi |
Color: Javier de Isusi |
Formato: Cartoné, 96 páginas. |
ISBN: 9788411122351 Precio: 20€ (El mar recordará nuestros nombres (novela gráfica) – Javier de Isusi | PlanetadeLibros) |
Sinopsis:
El mar recordará nuestros nombres fue publicada en 2021, cuando la sociedad mundial todavía tenía muy en carne viva los estragos de la pandemia de COVID que cambió para siempre nuestras vidas. Por ello es imposible que el lector no empatice con la historia que aquí se cuenta, la de la expedición Balmis, que fue la primera campaña de vacunación a nivel mundial y que luchó contra la viruela.
De este modo, Javier de Isusi se centra en contarnos lo que ocurrió entre finales de 1802, con los primeros preparativos logísticos para la expedición, y 1806, fecha en que Balmis regresó de nuevo a la Península, aunque la labor de vacunación de esta misión no terminase hasta más allá de 1810 en el caso de América del Sur
A pesar de su corta extensión, esta novela gráfica condensa perfectamente qué era la viruela, cómo se contagiaba y los efectos trágicos que dejó en la sociedad del siglo XVIII, puesto que quienes se vieron afectados por ella o bien quedaban con la cara desfigurada o tenían problemas de vista o, lo más común, fallecían. Además, no atendía a distinciones estamentales de ningún tipo.
También aborda las tremendas dificultades que supuso realizar una expedición filantrópica de vacunación como la llevada a cabo desde 1803 por toda la América española, dado que era muy complejo llevar la vacuna intacta atravesando el océano Atlántico y que esta resistiera las altas temperaturas tropicales, razón por la cuál se decidió utilizar a niños de corta edad para que ellos mismos sirvieran de vehículo para mantener la vacuna en utilidad.
El proceso, además, se hizo más complicado debido a que hubo otras iniciativas de vacunación ajenas a la misión encargada por Carlos IV, ya que en regiones como Puerto Rico ya habían procedido a vacunar a la población de manera muy poco efectiva, o en el Virreinato de Nueva España (actual México) el virrey había hecho una campaña de propaganda dando a entender que su población estaba ya vacunada a la llegada de la expedición de Balmis, cuando en realidad esto solamente se había dado en una medida ínfima entre sectores prósperos de la población. Por no hablar de las iniciativas que facilitaban la vacunación con la única intención de aprovecharse de la necesidad de los demás para lucrarse.
De este modo, esta novela gráfica nos conecta con una realidad histórica que no solamente sirvió para mejorar las vidas de las personas que recibieron la vacuna a principios del siglo XIX, sino que gracias a las Juntas de Vacunación se consolidaron los primeros sistemas médicos modernos y que repercutieron en que las generaciones futuras (entre las que nos encontramos) veamos a la viruela como una enfermedad del pasado y no como una seria amenaza para nuestras vidas, como ocurrió hace poco con el COVID-19.,
Contexto histórico
Uno de los virus más letales de la historia.
Para las personas que hemos nacido bien avanzado el siglo XX, en un lugar del mundo donde todas las mejoras sanitarias están implementadas y en el que salvo en caso de pandemia mundial es muy complicado fallecer a causa de un virus letal, se nos hace muy complicado ponernos en la situación de la gente que padeció y convivió con la viruela, que fue uno de los virus más letales de la historia de la humanidad.
Nosotros no tenemos conciencia de ello porque la enfermedad se erradicó oficialmente en el mundo en 1980 según certificó la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero no por ello debemos dejar de tener en cuenta que la acción de la viruela sobre las poblaciones humanas es un elemento sin el que no se pueden explicar procesos históricos tan relevantes como por ejemplo la conquista de América por parte de los castellanos en el s.XVI.
La viruela fue una enfermedad infecciosa grave debido a su alta capacidad de contagio al tocar objetos que estuvieran contaminados y el alto grado de mortandad que producía en las poblaciones que no tenían las defensas para poder hacerle frente.
Una vez infectada, la persona experimentaba fiebre y vómitos en los primeros estadios, seguido de la aparición de llagas en la boca y erupciones cutáneas, las cuales pasaban a ser protuberancias primero y pústulas después, y finalmente aparecían las costras que al caerse dejaban las características marcas en la piel. En el mejor de los casos, el efecto estético era la peor de las consecuencias, pero gran parte de los supervivientes padecían ceguera como síntoma secundario. En el peor de los casos, provocaba la muerte en un lapso de cinco o seis días. Evidentemente no tenía nada que ver la viruela mayor, que es la que hemos descrito, con la viruela menor, que era mucho menos grave y que tuvo mucho menor efecto a nivel demográfico.
Aunque a nivel histórico se considera que la enfermedad ya existía en el Neolítico (10.000 a.C.), esta causó grandes estragos sobre todo en dos momentos, que fueron la conquista de América en el s.XVI y en la Europa del s.XVIII ayudada por la gran expansión demográfica que se dio en ese siglo y que facilitó la expansión de la enfermedad entre la sociedad europea.
En el primero de los casos, La Historia Universal de las Cosas de Nueva España, de Bernardino de Sahagún (Sahagún, 1499-Tlatelolco, 1590), más conocido como el Códice florentino por conservarse en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, es una fuente primaria que cuenta el proceso de colonización castellano desde la perspectiva nativa y que recalca el efecto devastador que tuvo la viruela entre la población autóctona azteca.
Por otra parte, es lógico ver cómo en el siglo XVIII ya hubo grandes esfuerzos por encontrar una solución contra la viruela, siendo muy notable la difusión que hizo Mary Montagu (Nottingham, 1689-Nottingham, 1762) de la técnica médica de la inoculación, que descubrió en Constantinopla c. 1716-1717 al ser la esposa del embajador británico en la región. A su vuelta a Inglaterra logró predisponer al rey de Inglaterra para que probase el método con sus hijos y al dar buen resultado, este método empezó a extender su funcionamiento tanto en Europa como en parte de América.
De hecho, gracias al desarrollo de la investigación, en un primer momento se llegaron a realizar las primeras campañas de vacunación a nivel local, como la practicada por el doctor fray Pedro Manuel Chaparro (Santiago de Chile, 1746-Santiago de Chile, 1811), realizada en la Capitanía General de Chile (Virreinato del Perú) en 1765, inoculando las pústulas de la viruela humana.
No obstante, el gran descubrimiento vino en 1796 de la mano de un médico rural inglés llamado Edward Jenner (Berkeley, 1749-Berkeley, 1823), que realizó el mismo experimento de Chaparro, pero con pústulas provenientes de la viruela de la vaca, que ejercían un efecto mucho menos nocivo en la persona que se vacunaba al pasar por un proceso vírico mucho más suave y que reducía mucho el riesgo de poder ser un nuevo foco de contagio, de forma que se convirtió en la solución más práctica y la que dio el nombre actual a la vacuna.
Es en este contexto en el que encontramos a Francisco Javier Balmis (Alicante, 1753-Madrid, 1819), que es el cirujano, médico militar y médico personal del rey Carlos IV (Portici, 1748-Nápoles, 1819) que dio el impulso necesario a la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (REFV), que hoy en día se conoce popularmente como la Expedición Balmis.
Es necesario destacar su figura porque es quien supo articular una solución práctica a un problema complejo, como era el traslado de la vacuna de la viruela que había descubierto Jenner tanto al Virreinato de Nueva España como al Virreinato de Nueva Granada, que era donde se encontraban los mayores focos de contagio a finales del s.XVIII; concretamente en Ciudad de México y en Santa Fe de Bogotá (hoy Bogotá) respectivamente.
De hecho, lo menos difícil de organizar una expedición filantrópica en América fue convencer a Carlos IV, dado que ya había perdido una hija debido a la viruela en 1794 y él mismo había ordenado vacunar en 1798 al por entonces Príncipe de Asturias (futuro Fernando VII) y a sus hermanos. Además, las consecuencias demográficas y económicas en la América colonial eran lo suficientemente importantes como para que la metrópoli no hiciese caso omiso. Ello también sirve para mejorar la reputación de un monarca que siempre ha sido vilipendiado por su dejación a la hora de gobernar.
Para ello, a nivel logístico había que superar el hándicap de cruzar el océano Atlántico trasladando la vacuna en activo, de forma que una expedición que todavía era bastante larga en barco reducía mucho más las posibilidades si atendemos a los importantes contrastes de temperatura, por no hablar de que el calor tropical dejaba sin efecto la vacuna que iba impregnada en un algodón y protegida entre cristales. Es por ello que Balmis, propuso que una serie de niños sirvieran de vehículo para salvar todas estas adversidades (lo que no deja de ser chocante en comparación con nuestros estándares sobre los derechos de la infancia).
Después de muchas deliberaciones, la expedición acabó partiendo del puerto de La Coruña en la corbeta María Pita (que no es un nombre baladí) con un total de 26 niños vacuníferos, que serían los que en forma de cadena vírica irían portando el virus hasta llegar a América y empezar allí con la organización de la campaña de vacunación.
Entre los integrantes de la expedición estaba Isabel Zendal (Agrela, La Coruña, 1773-Puebla de los Ángeles, fecha desconocida), que era una enfermera que ejercía como rectora del Orfanato de la Caridad de La Coruña, que fue de donde salieron los niños seleccionados para la expedición, los cuales no habían pasado la enfermedad aún.
El esfuerzo llevado a cabo por los integrantes de la expedición fue descomunal si pensamos que no se trataba exclusivamente de atender a los casos epidémicos más candentes en el territorio americano, sino que lo que se pretendía era establecer un sistema pautado bajo la forma de las Juntas de Vacunación (en el caso de las capitales encontramos las Juntas de Vacunación Central) y que de esta forma el impulso de esta expedición continuase en el tiempo in situ a nivel local, por lo que los efectos serían mucho más positivos a la hora de erradicar la enfermedad.
De este modo, en mayo de 1804 la expedición se dividió en dos, de manera que Balmis dirigiría la subexpedición que se encargaría del Virreinato de Nueva España y posteriormente de Filipinas (en esta parte estaría también Isabel Zendal), mientras que la subexpedición de José Salvany (Cervera, 1777-Cochabamba, 1810) se encargaría de hacer lo propio en los Virreinatos del Perú, de Nueva Granada y del Río de la Plata. Lo hicieron de este modo porque de otra manera les hubiera llevado muchísimo más tiempo llegar a los objetivos que se plantearon en un primer momento.
La expedición suele cerrarse historiográficamente en 1806, que es cuando Balmis regresa a Europa después de haber pasado por Filipinas y posteriormente por Macao (territorio chino de administración portuguesa) e incluso por la isla de Santa Helena de tristes recuerdos para Napoleón (de administración británica). No obstante, los trabajos continuaron en América del Sur puesto que las dificultades orográficas y de acceso a la población eran mucho más notables y el proceso de vacunación, por lo tanto, más lento.
Tanto fue así que, cuando Manuel Julián García Grajales (Sonseca, 1775-Cádiz, mediados del s.XIX), un miembro de la expedición de Salvany, llegó al Virreinato del Río de la Plata en enero de 1812, las autoridades no le dejaron realizar su labor porque las Provincias Unidas del Río de la Plata (futura Argentina) estaba en medio de su proceso de independencia con respecto de la metrópoli.
Con todo, en el informe realizado por Balmis en 1809 a modo de valoración de toda la expedición, al igual que tuvo muy buenas palabras para la labor de Isabel Zendal, con quien estuvo en toda la travesía, no parece por otro lado que fuera justo con la labor de José Salvany, pues consideraba que el proceso de vacunación en América del Sur había sido demasiado lento. Seguramente Balmis no valoró adecuadamente las mayores dificultades que implicaba la ruta sudamericana o no tuvo en cuenta que el estado de salud de Salvany (que padecía de tuberculosis y que murió por esta causa en 1810) no era ni mucho menos el mejor para realizar semejante travesía
Para concluir, cabe decir que, aunque en vida la labor de estos expedicionarios fue reconocida, puesto que el propio Jenner llegó a decir: “No me imagino que en los anales de la historia haya un ejemplo de filantropía tan noble y grande como este”, el paso del tiempo hizo que los nombres de Balmis, Zendal, Salvany, Gutiérrez Robledo o García Grajales se borrasen de la historia, probablemente porque ninguno de ellos ganó una batalla ni gobernó un país.
Han tenido que pasar doscientos años de esta hazaña para que hayamos empezado a recuperar su memoria con monumentos como el Balcon Balmis, erigido en 2003 junto al Museo Domus de La Coruña, además de otros homenajes desperdigados por la ciudad a los miembros de la expedición y alguno concreto dedicado a Isabel Zendal.
En ese sentido, la figura de Isabel Zendal es la que ha costado más recuperar y que todavía sigue dejando luces y sombras, pese a que tiene una calle dedicada en La Coruña desde 1971 y de que el Premio Nacional de Enfermería de México recibe su nombre desde 1974. Fue gracias a la publicación de Isabel Zendal: La madre de todas las vacunas (2022) de Antonio López Mariño cuando se pudo determinar el verdadero apellido de Isabel (que hasta la fecha había tenido múltiples versiones) y se ha conocido más sobre su labor en el Orfanato de la Caridad de La Coruña, sus circunstancias como madre soltera o cómo acabó sus días en el Virreinato de Nueva España, puesto que en 1811 solicitó una pensión en favor de su hijo al haber sido este uno de los niños vacuníferos. También desde fechas recientes un hospital de urgencias en Madrid lleva su nombre.
Esperemos que el mayor conocimiento de esta expedición nos haga valorar más las grandes contribuciones que nuestra sociedad ha realizado para el progreso y la prosperidad en el mundo.
Valoración final:
- Guion
El guion de Javier de Isusi es fantástico en la medida que hace llegar una historia muy compleja y trascendente a todos los públicos, siendo además un descubrimiento para muchos lectores. Además, el autor sabe hacernos llegar el punto de vista de los niños de la vacuna, que son los verdaderos protagonistas de esta historia.
- Dibujo y color
La estética ayuda mucho a transmitir las penurias que pasaron los expedicionarios tanto en el mar como en tierra.
+ LO MEJOR
- El rigor histórico exquisito con el que está trabajado el guión.
- La capacidad de síntesis de la obra, que ayuda a que un proceso de más de tres años no pierda el ritmo en ningún momento.
– LO PEOR
- Que no haya una mayor apuesta por la Historia de la Ciencia en el aula, dado que es tan importante como otras facetas de la historia. Del mismo modo, cada vez se le presta menos atención a la cultura científica en los planes educativos a pesar de su enorme importancia.
Aplicación en el aula
Resulta muy necesaria para los grupos de Geografía e Historia de 3º de la ESO, podría funcionar en Historia de España de 2º de Bachillerato y probablemente también tenga cabida en los grupos de Biología y Geología de 3º y de 4º de la ESO.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
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2 Comentarios
Enhorabuena Manuel y mil gracias
Una entrada de referencia muy bien narrada, mejor documentada y magistralmente compuesto!
Recomendaría igualmente en el terreno audiovisual la película «22 angeles»
Gracias nuevamente
Muchas gracias por tus palabras, José.
Intento que la gente se lleve algo de valor añadido con las entradas, no solamente releer lo que ya sabe de antemano.
Te agradezco mucho la referencia audiovisual. Estuve tentado de incluirla en la parte del vídeo, pero al final me decanté por el reportaje de «El condensador de fluzo». No obstante, seguro que le sirve a otros lectores que lean la reseña.
Gracias de nuevo. Saludos.