
Resistir como un numantino
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Historia, Novela Gráfica
- Fecha 1 de octubre de 2024
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- Etiquetas Escipión Emiliano el africano, Geografía e Historia 1º ESO, Novela gráfica, Numancia, Pedro Segade, Raúl Balen
Edición original: Numancia. Hijos de las cenizas (Evolution Cómics, 2020) |
Guion: Raúl Balen |
Dibujo: Pedro Segade |
Color: Pedro Segade |
Formato: Cartoné, 112 páginas. |
ISBN: 9788413341316 Precio: 18€ (Numancia (panini.es)) |
Sinopsis:
Numancia. Hijos de las cenizas nos acerca a una vieja historia de la Hispania prerromana que nos han contado mil veces pero que a pesar de ello sigue estando envuelta en una nebulosa. Esto se debe a que más de dos mil años después todavía nos cuesta bastante entender a los múltiples pueblos celtíberos, su funcionamiento interno y la resistencia frente a la Roma republicana, que pretendía hacerse con todo el territorio peninsular para utilizar sus ricos recursos naturales en su provecho.
La narración que nos proponen Balen y Segade comienza en el año 153 a.C., veinte años antes del desenlace de Numancia que todos conocemos, en el contexto de la Segunda Guerra Celtíbera (154-152 a.C.). Ante las puertas de Numancia llegan como refugiados habitantes de la población cercana de Segeda, que estaba siendo atacada por los romanos y a quienes los numantinos ofrecerán su hospitalidad y apoyarán militarmente en su lucha contra los romanos.
Tras ello, los numantinos y los belos vencerán a los romanos tanto en el campo de batalla como en la defensa de la ciudad de Numancia, que resistirá los embistes de un grupo de elefantes númidas y que después se beneficiarán del frío invierno numantino, que diezmó las tropas del cónsul Quinto Fulvio Nobilior.
Tras Nobilior, el Senado romano enviará una notable cantidad de cónsules que tratarán por todos los medios de hacerse con Numancia, aunque todos estos intentos fueron infructuosos durante muchos años, lo que producirá que Numancia adquiriera cada vez una mayor fama de ciudad-estado inexpugnable.
De este modo, los numantinos fueron saliendo de todas estas encrucijadas, unas veces mediante el combate cuerpo a cuerpo aprovechando su mayor conocimiento del terreno (guerra de guerrillas), otras aprovechando el implacable invierno que ellos sabían resistir y los romanos no, y en otras ocasiones, pactando treguas mediante la donación de tributos a Roma (normalmente pagando con armas que ellos mismos producían).
Una característica muy interesante del pueblo numantino que está muy bien reflejada en esta novela gráfica es que, como supervivientes de muchos asedios y enfrentamientos directos con los romanos, aprovechaban los tiempos de tregua y proyectaban un futuro próspero a través de los hijos que tenían y criaban dentro de sus territorios, al tiempo que les transmitían la idea de resistencia, que ya formaba parte de su identidad.
La situación cambió drásticamente con el nombramiento en el año 134 a.C. de Escipión Emiliano el Africano, conquistador de Cartago en la Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C.), como nuevo cónsul y responsable de acabar con la resistencia numantina de una vez por todas, una vez que los lusitanos habían sido definitivamente derrotados tras la traición que acabó con Viriato en el año 139 a.C.
Escipión Emiliano el Africano planteó una estrategia muy diferente a los cónsules anteriores, no entrando en ningún momento en un combate directo con los numantinos, sino construyendo un enorme cerco alrededor de la ciudad y cortando el acceso al agua por parte de la población numantina, de forma que les obligaría a rendirse matándolos de hambre. Asimismo, también castigó severamente a las poblaciones celtíberas cercanas a Numancia con el objetivo de que no les prestasen ayuda de ningún modo y de que el aislamiento que había planeado fuera efectivo.
Durante los once meses que duró el asedio, los numantinos probaron todas las fórmulas para escapar de esta trampa mortal, desde saltar la vigilancia romana e ir a pedir ayuda a la población de Lutia, realizar ataques esporádicos sobre uno de los campamentos romanos apostados al exterior de la muralla, confiar en que el invierno jugaría una vez más a su favor o incluso buscar una salida negociada con Escipión Emiliano el Africano, al igual que había funcionado con otros cónsules anteriormente, pero nada de ello sirvió.
Finalmente, tras meses de hambruna los habitantes de Numancia tomaron una determinación. Tenían que decidir entre rendirse y caer en la esclavitud o perder la vida a cambio de mantener su honor y su libertad hasta el último momento, que es lo que acabaron haciendo. Sin dar aviso alguno, prendieron fuego a toda la ciudad, de forma que cuando llegaron los romanos apenas había supervivientes y Escipión Emiliano el Africano no pudo adjudicarse la victoria qué él se había imaginado.
De los pocos numantinos supervivientes, 50 de ellos fueron llevados a Roma para el desfile triunfal celebrado en el 132 a.C., mientras que otros fueron vendidos como esclavos. A pesar de todo fue una victoria muy agridulce para los romanos.
Contexto:
¿Qué han hecho los numantinos por nosotros?
Estudiar la realidad histórica de Numancia es una tarea compleja porque la mayor parte de la información que nos ha llegado proviene de fuentes romanas, siendo algunas de ellas como los textos de Polibio (Megalópolis 200 a.C.-Grecia, 120 a.C.) contemporáneas a la caída de Numancia, mientras que otras muchas no lo son, como Diodoro Sículo (Sicilia, 90 a.c.-lugar desconocido, 30 a.C.), Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.), Silio Itálico (Itálica, 26-Campania, 106), Lucio Anneo Floro (África, finales s.I-lugar desconocido, s.II), Apiano (Alejandría, c. 95-Roma, c. 165) o la más lejana, que es Orosio (Braga, c.385-lugar desconocido, 420).
A través de estas fuentes nos han llegado nombres esporádicos de los líderes militares belos y arévacos vinculados con Numancia durante la Segunda Guerra Celtíbera (154-152 a.C.) y la Tercera Guerra Celtíbera (143-133 a.C.), como son los casos de Caro de Segeda, Litennón, Avaro, Megara o Retógenes el Caraunio, siendo este último posiblemente el más célebre de todos ellos, como relata Apiano:
Retógenes, de Numancia, llamado de sobrenombre el Caraunio, el más excelente de los numantinos, con cinco acompañantes a quienes había persuadido, igual número de sirvientes y otros tantos caballos, atravesó una noche oscura el espacio que lo separaba de los romanos llevando consigo una escalera plegable. Llegando a la muralla, la escaló él y sus seguidores; mataron a los centinelas, y enviando atrás a los sirvientes y haciendo trepar a los caballos por las escaleras, cabalgaron hacia las ciudades de los arévacos con ramos de súplica, pidiéndoles que les enviasen auxilio a sus hermanos los numantinos. [Apiano. Las Guerras Ibéricas, 94].
Evidentemente estas palabras de Apiano las tenemos que coger con pinzas porque a pesar de que está glosando las heroicidades de uno de los líderes numantinos, el objetivo final es engrandecer al rival para dar todavía más valor a la victoria romana sobre estos, aunque también existe la intención de glosar sus virtudes para servir de buen ejemplo a las nuevas generaciones de romanos. Esto se ve muy bien en el caso de Viriato (Lusitania 180 a.C.-Lusitania, 139 a.C.), como cuenta Tomás Aguilera en El Café de la Lluvia.
En cuanto a las fuentes celtíberas, lo que ha venido a denominarse históricamente como lengua celtibérica por desarrollarse en dichos territorios tiene rasgos morfológicos y sintácticos propios de lenguas indoeuropeas y cierto parentesco con lenguas célticas del oeste europeo, aunque la grafía ha sido heredada de los íberos.
La falta de una mayor abundancia de textos no ha permitido llegar a una traducción fidedigna de los mismos, pero sí a que nos hagamos una idea de su contenido. En la mayoría de los casos nos encontramos con bronces de hospitalidad y clientela que los diferentes pueblos celtíberos se intercambiaron para formalizar sus alianzas internas.
Por lo tanto, el otro medio de conocimiento que tenemos sobre los celtíberos en general y sobre Numancia en particular es la información que nos proporcionan los registros arqueológicos, en los que las figuras individuales desaparecen ante nosotros y son las estructuras socioeconómicas las que van a prevalecer.
En ese sentido habría que empezar especificando que los celtíberos eran unos de los pueblos prerromanos de origen celta que habitaban en la Península ibérica; más concretamente entre los valles de los ríos Ebro y Jalón y la Meseta Central, que es lo que se ha venido a denominar Celtiberia.
Dentro de estos no hay un consenso para especificar cuántos y quiénes son con exactitud, pero normalmente se incluyen cinco pueblos diferentes: los belos, los titos, los lusones (no confundir con los lusitanos), los arévacos y los pelendones, que tendrían muy buena relación entre sí a pesar de estar organizados en ciudades-estado independientes ya que compartían muchas señas de identidad.
En el caso de Numancia, sabemos que eran arévacos, teniendo mucho prestigio para las fuentes antiguas por ser el pueblo más resistente a la influencia romana entre los celtíberos. A nivel etimológico se les ha querido emparentar con los vacceos, otro pueblo prerromano más oriental, siendo los arévacos los “vacceos orientales”. De hecho, Apiano planteaba que los vacceos eran otro linaje celtíbero.
A continuación, analizaremos varios aspectos de las sociedades celtíberas que se pueden aplicar con mayor o menor grado a los numantinos.
En lo referido a la sociedad, sabemos que existía una organización política jerarquizada, pero al contrario de los pueblos íberos no eran gobernados por reyes, sino que tenían dos instituciones que se complementaban entre sí, que eran la asamblea de guerreros y el consejo de ancianos. Aunque estos organismos venían designados por diferentes nombres, es complicado conocerlos porque las fuentes romanas los describieron utilizando su propio vocabulario, por lo que hemos perdido algo de precisión a la hora de conocer esta cuestión.
Lo que sí sabemos es que tenía más peso específico la asamblea de guerreros porque allí era donde se tomaban las decisiones políticas, mientras que el consejo de ancianos era un órgano de carácter consultivo. No es de extrañar tampoco que en situaciones de máxima tensión como los son los enfrentamientos directos con los romanos pudieran darse conflictos entre las dos instituciones, porque mientras la asamblea era más proclive a resistir militarmente hasta el final, en el consejo solían optar por una salida pactada.
Tampoco es de extrañar que los únicos nombres numantinos que han llegado a nuestros tiempos estén vinculados a la élite guerrera que comandaba a los numantinos en su defensa territorial, quedando el resto de la sociedad en medio de una nebulosa.
Otro aspecto importante es que dichas ciudades-estado celtíberas solían pactar alianzas militares contra el invasor romano en caso de necesidad (en la mayoría de los casos), como ocurrió en el caso de Segeda en el año 153 a.C., pero también practicaban fórmulas de hospitalidad y de clientela (que han quedado bien reflejadas en las fuentes escritas celtíberas) previas a la conquista romana.
En lo referente a la economía, sabemos que era principalmente ganadera y parcialmente agraria porque los continuos enfrentamientos con los romanos no les debieron de permitir sembrar y recoger cosechas con total normalidad. Del mismo modo, mientras la actividad ganadera debió de ser mayoritariamente privada, la agricultura debió contar tanto con terrenos de cultivo privados como comunales. Dentro de esto, la cría de caballos debió tener un papel fundamental, porque en las fuentes romanas se habla de lo excepcionales que eran los caballos de esta región.
Del mismo modo, es sabido que también practicaban la caza de animales salvajes de la zona como ciervos, jabalíes, conejos, liebres, linces, osos y lobos.
También es conocida la actividad minera desarrollada por los celtíberos, dado que extraían hierro en la Sierra de la Demanda y en Sierra Merina. No obstante, no parece que fuera una explotación que por sí sola les permitiera tener una solvencia suficiente como para que tuviera un impacto directo en la demografía celtíbera.
Otro dato interesante es que en algunas poblaciones empezaron a tener ceca donde acuñaron sus propias monedas, como el caso de Segeda antes del 133 a.C., lo que habla no solamente de su independencia económica, sino que servía para expresar su autonomía política. Esto no funcionó así en todos los casos, porque algunos pueblos celtíberos empezaron a tener su propia ceca con el objetivo de pagar los tributos pactados a Roma.
Con respecto a la religión de los celtíberos hay más intuiciones que certezas porque es bien sabido que tenían sus propios dioses, aunque desconozcamos la mayoría de sus nombres, pero en cambio sí sabemos que estaban vinculados a la naturaleza y que les servían como protección para varios aspectos de la vida, no solamente para los fallecidos.
A nivel simbólico es especialmente importante el Caballito de Soria del s.II a.C. (conservado en el Museo Numantino), que es una fíbula que se encontró en la necrópolis celtíbera de Numancia en 1995, y que es el símbolo más característico de la ciudad. Hace alusión a la diosa Epona, que para los arévacos además de ser la diosa de los equinos era la que se encargaba de proteger a los muertos.
También podemos considerar que debió de haber un rechazo hacia la idea de representar a sus deidades antropomórficamente y a la de erigirles templos donde venerarlos, porque a este respecto no se han conservado espacios realizados en materiales duraderos.
A nivel ritual se cree que había un día del verano designado para la realización de los enlaces matrimoniales, aunque ello no se ha sabido vincular a ninguna fecha concreta. Tampoco hay consenso en lo referente a los rituales funerarios o al menos se cree que no todo el mundo dentro de la sociedad celtíbera se realizaba del mismo modo.
En ese sentido, según Silio Itálico, que habla en Púnicas de los mercenarios celtíberos que lucharon junto a Aníbal contra los romanos, los celtíberos distinguían entre los que fallecían por enfermedad, cuyos cadáveres se incineraban y tras ello se depositaban sus huesos directamente dentro de una fosa (o dentro de una vasija de cerámica a la que se añadiría el ajuar del difunto), mientras que a la élite militar que fallecía en combate se la arrojaba a los buitres porque en esta sociedad eran considerados animales sagrados que favorecerían que el alma del difunto remontase a los cielos.
Harina de otro costal es todo lo que se ha dicho sobre Numancia desde que tras el largo asedio organizado por Escipión Emiliano el Africano (Roma, 185 a.C.-Roma, 129 a.C.) produjese la práctica desaparición de esta ciudad-estado y el nacimiento del mito, precisamente por el modo en el que pusieron su libertad individual por delante de su vida bajo el yugo romano.
Hay que destacar que, según cuenta Apiano, Escipión Emiliano el Africano dio la ciudad y el territorio circundante a los indígenas que le habían ayudado a conquistar Numancia, refiriéndose concretamente a los pelendones, que ya para entonces se habían romanizado. No obstante, la ciudad volvió a ser destruida en las Guerras Sertorianas (82-72 a.C.) entre los partidarios de Quinto Sertorio (Nursia, 122 a.C.-Osca 72 a.C.) y los de Cneo Pompeyo, el Grande (Piceno, 106 a.c.-Pelusio, 48 a.C.), siendo estos últimos quienes vencieron y destruyeron de nuevo este núcleo de población.
La ciudad quedó abandonada hasta época de Augusto (Monte Palatino, 63 a.c.-, Nola, 14 d.C.), que la impulsó con motivo de las Guerras Cántabras (29-19 a.C.), y tuvo un desarrollo continuado hasta la época de Vespasiano (Falacrinum, 9-Aquae Cutiliae, 79), cuando fue reconocida como municipium, que es el momento en el que se construyeron las casas propiamente romanas que encontramos en el yacimiento y otros edificios que solamente tenían las ciudades de pleno derecho como las termas, la curia, el templo o el foro.
Como hemos visto, de Numancia se hablará en el mundo romano hasta la época bajoimperial, teniendo su ejemplo varias lecturas, que van desde la heroicidad de quien no se quiere ver reducido a la esclavitud hasta como motivo de orgullo para Roma por haber conseguido doblegar finalmente a un rival muy duro después de treinta años de luchas. También se comenta que todavía en vida de Escipión Emiliano el Africano fue motivo de chanza en Roma el hecho de que los numantinos hubieran preferido suicidarse y quemar la ciudad, por negarle al cónsul el honor de hacerlo por sus propios medios.
En este punto, para la transmisión de la historia de Numancia al cabo del tiempo es clave una tragedia que Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) estrenó en 1585 acerca de la historia de resistencia de Numancia frente a Roma.
Si bien es cierto que este relato ya había sido incluido en obras como la Estoria de España de tiempos de Alfonso X, el Sabio (Toledo, 1221-Sevilla, 1284), la Crónica de España abreviada (1481), de Diego de Varela (Cuenca, 1412-Puerto de Santa María, 1488), la Crónica general de España (1553), de Florian de Ocampo (Zamora, c. 1499-lugar desconocido, 1558), todo indica que Cervantes siguió la tradición popular a la hora de contar la historia. No obstante, incluyó dos figuras alegóricas importantes, que son España y el Duero, quienes profetizan la caída de la ciudad y las posteriores glorias que cosechará España en época de Felipe II (Valladolid, 1527-San Lorenzo de El Escorial, 1598), quien todavía gobernaba cuando se estrenó la obra cervantina.
Para este momento la historia de Numancia tenía un alto componente identitario como parte de lo español, pero gracias a las diferentes lecturas que se dieron con posterioridad a la obra cervantina esta lectura se acrecentó, no siendo extraño que se representase con éxito durante los sitios de Zaragoza en 1808, como medio de resistencia contra el francés, o que volviera a representarse en Madrid en 1815 una vez terminada la Guerra de la Independencia (1808-1814), según comenta Ramón de Mesonero Romanos (Madrid, 1803-Madrid, 1882).
No es extraño que a principios del siglo XIX encontremos las primeras representaciones artísticas sobre Numancia, como la Toma de Numancia (1802) de Antonio Guerrero en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, El último día de Numancia (1858), de Ramón Martí (Barcelona, 1826-Barcelona, 1894), en el Museo Nacional del Prado o Numancia (1880-1881) de Alejo Vera (Viñuelas, 1834-Madrid, 1923) también del Prado, siendo esta última la pintura más famosa que hay sobre este acontecimiento y que encaja en sus grandes dimensiones con el auge del nacionalismo y de la pintura de Historia del siglo XIX.
No hay que olvidar tampoco que en el propio yacimiento de Numancia en la localidad de Garray hay un monumento inacabado del reinado de Isabel II (Madrid, 1830-París, 1904) en memoria de los numantinos, que no será el único que nos encontraremos en el yacimiento.
No es extraño tampoco, como cuenta Tomás Aguilera en un artículo sobre la utilización política de la historia de Numancia en la España del s.XX, que en plena Guerra Civil Española (1936-1939) se volviera al texto cervantino primero en Madrid en 1937 bajo la dirección de Rafael Alberti (Puerto de Santa María, 1902-Puerto de Santa María, 1999), en el contexto de la resistencia de la ciudad a los bombardeos del ejército sublevado. Ya en el exilio, en 1943 la obra se representaría en Montevideo y tendría un sentido distinto que en la representación de Madrid.
Por su parte, José María Pemán (Cádiz, 1897-Cádiz, 1981) en 1961 volvió a adaptar la obra cervantina estrenándola en el Teatro Romano de Mérida. Esta vez Numancia era España resistiendo frente al aislamiento internacional iniciado al final de la II Guerra Mundial (1939-1945), celebrándose en este caso un final alternativo, porque allí se estaba festejando que la situación internacional de España ya había cambiado después de unos años de grandes dificultades para el régimen franquista.
Respondiendo a la pregunta: ¿Qué han hecho los numantinos por nosotros? Podríamos decir que nos han otorgado la coherencia política de vivir en base a unos valores que nos definen como sociedad.
Inmediatamente surge una segunda pregunta: ¿Qué hemos hecho los demás con su legado? Pues los romanos los utilizaron para engrandecer sus propias gestas militares, en época de Alfonso X el Sabio se empezó a asimilar a la memoria nacional y más tarde con Cervantes Numancia se hizo inseparable de la idea de España generando la extraña idea de que su derrota sería nuestra victoria.
Con posterioridad ya hemos visto qué efecto ha tenido la lectura cervantina del hecho histórico, que se ha tomado como vehículo para expresar muchas preocupaciones de distintas sociedades siendo siempre presentistas. Ello lo podemos ver perfectamente en el Monumento conmemorativo a los héroes de Numancia erigido en 1904 a expensas del senador y exdiputado por Soria Ramón Benito Aceña (Valdeavellano de Tera, 1830-Madrid, 1916) y que fue inaugurado en 1905 por el rey Alfonso XIII (Madrid, 1886-Roma, 1941), donde se inserta además una placa moderna del Ejército de Tierra asimilando a los arévacos que dieron su vida en Numancia con los que después la han dado por España.
¿Qué dirían de todo esto Litennón, Avaro, Megara o Retógenes (y el resto de numantinos de los que nunca supimos su nombre) si tuvieran noticias de ello?
Valoración final:
- Guion
El guion de Raúl Balen es muy preciso históricamente. Se basa en lo que los historiadores romanos nos contaron sobre Numancia, pero también en la parte más humana y realista del relato cervantino (las licencias literarias están muy bien utilizadas), ayudándonos a entender lo que realmente pasó allí.
- Dibujo y color
Las imágenes creadas por Pedro Segade nos transportan a la Celtiberia y a la Roma del s.II a.C. a través de las indumentarias, los espacios naturales y urbanísticos y el armamento de la época, coordinándose perfectamente con el guion.
+ LO MEJOR
- El tratamiento de la historia huye de todas las visiones románticas con respecto a lo que aconteció en Numancia.
- En la novela gráfica se utiliza la notación A.E.C. en vez del a.C., lo cual aporta rigor científico a la historia que están contando.
– LO PEOR
- Que la obra no haya tenido la suficiente promoción para convertirse en una lectura de referencia para el alumnado de Secundaria.
- La novela gráfica no está paginada y en algún diálogo hay alguna falta de ortografía (mejoras para próximas ediciones).
Aplicación en el aula
Resulta muy necesaria para los grupos de Geografía e Historia de 1º de la ESO por ser una de las pocas novelas gráficas que aborda desde el rigor uno de los episodios más importantes de la Edad Antigua en la Península ibérica.
Esta lectura también puede funcionar como recurso didáctico en caso de realizarse una excursión al Yacimiento de Numancia en la localidad soriana de Garray o a la tercera planta del Museo Numantino en Soria.
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
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