
Las Sacerdotisas. Quien destruye una obra de arte, se destruye a sí mismo.
- publicado por Antonio
- Categorías Blog, Historia
- Fecha 6 de septiembre de 2022
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- Etiquetas arte, historia, histórico, noticias, prehistoria
En diciembre de 2021, dos figuras antropomorfas pertenecientes al estilo de arte esquemático peninsular, aparecieron profanadas en el Parque Natural de Despeñaperros, cuna de uno de los ejemplos pictóricos de la prehistoria española de mayor interés y valía para comprender un periodo del que apenas contamos con registro alguno. En una región agreste y de acceso difícil, en la que el tiempo parecía haberse detenido.
Las Sacerdotisas, adornadas por ingeniosos tocados y con semblantes enigmáticos, se contoneaban desde las alturas del Monte de los Órganos, con su vista privilegiada del entorno natural. Así lo hicieron durante milenios, así lo hicieron…hasta que, en una fría mañana de diciembre, algo había cambiado:
Conocidos por todos, muy pocos se aventuraban a adentrarse en aquellos remotos parajes, acercándose en su peregrinaje, para presentar respetos.
Pero una fría mañana de diciembre, algo había cambiado, los órganos habían dejado de sonar en señal de duelo y dolor por lo que allí había ocurrido.
Torpes y apresurados manchurrones habían cubierto a las sacerdotisas, fascinantes figuras de ancestros lejanos.
Cuántas tormentas, cuántas nevadas, cuántos viajeros resguardados bajo los majestuosos abrigos rocosos, testigos impertérritos de ancestrales ritos y ocultos secretos.
Todas las noches de todos los días, de todos los siglos de su existencia, en ese lugar han reposado, inermes y delicadas.
Aquél que destruye una obra de arte, se destruye a sí mismo…
¿Qué debieron ver nuestros antepasados, incontables culturas que en esos parajes se asentaron, para respetar los delicados trazos en la piedra? ¿Qué debieron ver que hoy muchos han olvidado?
Cabezas pensantes, de la misma especie, que trataban de destruir, lo que no puede ser destruido.
No sabían que más de tres milenios no pasan en vano, porque allí se encontraban ellas, majestuosas, honorables estampas triunfales como el acantilado que recibe la poderosa fuerza del océano, y resiste, perdura, conocedor de verdades que solo el tiempo revela.
Quien destruye una obra de arte, se destruye a sí mismo, porque no recuerda, que nunca serán olvidadas.
En cuanto a sus fallidos destructores…
ya los he olvidado.
Etiqueta:arte, historia, histórico, noticias, prehistoria
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