
La mitad invisible del Cabaret Voltaire
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Feminismo, Novela Gráfica
- Fecha 1 de diciembre de 2025
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- Etiquetas #CómicsconHistoria, Cabaret Voltaire, Dadaísmo, Editorial El Paseo, Emmy Hennings, Fernando González Viñas, Historia del Arte 2º Bachillerato, Hugo Ball, José Lázaro, Novela gráfica
Edición original: El Ángel DADÁ. Venturas y desventuras de Emmy Ball-Hennings, creadora del Cabaret Voltaire (El Paseo, 2017) |
Guion: Fernando González Viñas |
Ilustración: José Lázaro Marcos |
Diseño y preimpresión: El Paseo editorial |
Cubiertas: Jesús Alés |
Maqueta y rotulación: Andrés González Mahedero |
Formato: Rústica con solapas, 231 páginas. |
ISBN: 978-84-947404-2-8 Precio: 19,90€ (El Ángel DADÁ) |
Sinopsis:
El Ángel DADÁ es una novela gráfica que recorre la vida y la obra de Emmy Hennings como artista de cabaret y como poeta, pero a través de ella también es un recorrido colectivo, porque por sus páginas pasan personajes de todo tipo, desde Kandinsky y Franz Marc hasta Lenin y Zinoviev, desde Gabrielle d’Annunzio y Filippo Tommaso Marineti, hasta Rabindranath Tagore y Hermann Hesse. No solamente nos acerca al dadaísmo como movimiento artístico, nos hace entender todo un periodo histórico porque es una historia generacional.
Durante una serie de años Emmy comenzó a compaginar sus actuaciones en los escenarios de Bremen primero y sobre todo de Münster después con una prostitución más o menos encubierta promovida por el propio promotor del espectáculo. A Emmy le costó bastante salir de este mundo siendo esta una vorágine que te atrapa y no te deja mirar más allá.
No fue hasta 1909 cuando John Höxter la rescató de este mundo y le ofreció dos cosas: que le acompañase con él a Berlín, donde Emmy descubrió a la bohemia berlinesa de las revistas expresionistas como Die Aktion, y la morfina como vía de escape de la vida, que es algo que le acompañó durante todo el resto de su vida.
En este contexto conoció a Ferdinand Hardekopf, periodista y escritor renombrado en los círculos culturales y de poder, que le abrió el mundo y le incitó a que empezase a escribir sus propios poemas. En las veladas en las que le acompañaba Emmy llegó a conocer a la cantante Claire Waldoff y a los teóricos Gabriele d’Annunzio y Marinetti entre otros o incluso a Rabindranath Tagore, quien también le animó a que escribiera.
Es entonces cuando Emmy cambiará Berlín por Múnich, que será algo muy trascendente para ella, ya que allí se encontraba el grupo de pintores expresionistas de El jinete azul y también porque allí pudo ver y participar en el Cabaret Simplicissimus, que le ayudaría posteriormente a fraguar la experiencia del Cabaret Voltaire, como los monólogos provocativos de Franz Wedekind, los poemas recitados por jóvenes poetas expresionistas como Jakob van Hoddis o Kurt Hiller.
Pero sin duda lo más importante que ocurrió en el Cabaret Simplicissimus fue la aparición de Hugo Ball con un ejemplar de los poemas que Emmy había publicado el año anterior. Ball, que era un tipo bastante introspectivo y profundamente religioso, contaba con una gran base cultural y filosófica y con capacidad suficiente como para montar un espectáculo por sí mismo.
No obstante, llegó en un mal momento, era 1914 y el mundo estaba en guerra. Quienes participaban en el Cabaret Simplicissimus empezaron a ser mal vistos ya que su posición antibelicista en tiempos de guerra se interpretaba como una traición a la patria. Muchos se vieron increpados, otros como Franz Marc se vieron interpelados a participar en el conflicto armado y acabaron muriendo en el mismo.
En mayo de 1915 Hugo Ball y Emmy Hennings decidieron coger sus maletas y emprender un viaje juntos a Zúrich. En los siguientes meses ambos estuvieron dando tumbos, pasando de escribir en revistas y de ganar tan poco dinero que casi no podían mantenerse, a enrolarse en un cabaret en el que al dueño le llamaban Flamingo, donde llenaron un poco el estómago, pero vaciaron su alma, ya que aquello era más un espectáculo circense que un cabaret en sentido estricto.
Al desvincularse de este cabaret, Ball y Hennings decidieron dar el paso de crear su espectáculo marcando sus propias reglas. Fundaron el Cabaret Voltaire.
La experiencia fue corta pero fundamental porque reunía a poetas, a cantantes y a artistas visuales, dando pasos decisivos hacia el arte total, donde las artes se alimentan las unas a las otras.
Tras la disolución del Cabaret Voltaire, el movimiento dadaísta, que había nacido en Zúrich con la intención de alumbrar un arte nuevo que rompiera con las contradicciones de las sociedades que habían llevado al mundo a la mayor destrucción hasta entonces conocida, se atomizó y se distribuyó por todo el planeta. Nueva York, París, Berlín, Colonia, Hannover, Rusia y hasta Japón vieron nacer grupúsculos dadaístas. La semilla de un arte nuevo acababa de ser sembrada mientras las vidas de Hugo Ball y de Emmy Hennings se apagaban poco a poco.
Contexto histórico:
Un ángel dadaísta para iluminarlos a todos.
Cuando hablamos sobre Dadaísmo, el Cabaret Voltaire de Zúrich tiene un lugar fundamental en nuestro imaginario colectivo, ya que, aunque se trató de un proceso efímero, dio lugar a experiencias que luego serían fundamentales dentro del arte contemporáneo, incluso mucho más de lo que nos pensamos.
Pero, si esta premisa la tenemos clara, ¿qué ha ocurrido para que cuando hablemos del Cabaret Voltaire nos centremos en las figuras de Hugo Ball (Pirmasens, Renania, 1886-Sant’ Abbondio, Lugano, Suiza, 1927) y de Tristan Tzara (Moinești, Rumanía, 1896-París, 1963), y quitemos de la ecuación a Emmy Hennings (Flensburg, 1885-Sorengo, Suiza, 1948), cuando esta fue posiblemente la más determinante de los tres? Para averiguarlo, lo primero que deberemos hacer es seguir el recorrido que llevó a Hennings a los movimientos de Vanguardia en Alemania en los primeros años del s.XX.
De la vida de Emmy Hennings casi no hay registros gráficos en sus primeros años, por lo que deberemos apoyarnos en la gente a la que conoció en sus incursiones por la poesía y las artes visuales de Vanguardia.
Sí sabemos que sus primeros pasos en el mundo del espectáculo fueron muy inestables, dando lugar a una vida itinerante y en la cual no siempre podía cubrir sus gastos, por lo que veremos que irá entrando y saliendo de la prostitución en la medida que la necesidad le acuciaba.
Un primer anclaje al que pudo asirse fue John Höxter (Hannover, 1884-Potsdam, 1938), un escritor y pintor expresionista que ayudó a Hennings en 1909 a tener una vida más estable en Berlín, después de haber estado dando tumbos por Bremen y sobre todo en Münster, donde quien dirigía el espectáculo de variedades vendía los otros servicios de Emmy al mejor postor. La parte mala es que desde entonces Emmy se enganchó a la morfina, consumo que no abandonó y que la afectó mucho al cabo de los años en sus idas y venidas de la adicción.
El otro personaje importante que apareció en la vida de Hennings fue el periodista y escritor Ferdinand Hardekopf (Varel, 1876-Zürich, 1954), que es gracias a quien Emmy empezó a escribir poesía, el que la introdujo en los principales círculos literarios expresionistas o con quien viajó a París por primera vez. Después ambos tendrían una relación a distancia, ya que Emmy decidió vivir su propia experiencia en Múnich mientras que Hardekopf regresó a Berlín.
A pesar de que en Múnich rápidamente Hennings conoció a los integrantes del grupo expresionista El jinete azul (Der Blaue Reiter), como Vasili Kandinsky (Moscú, 1866-Neuilly-sur-Seine, 1944), Franz Marc (Múnich, 1880-Braquis, 1916) o Gabriele Münter (Berlín, 1877-Murnau, 1962) (de hecho, llegó a posar como modelo para los dos primeros) o a poetas expresionistas de primera fila como Jakob van Hoddis (Berlín, 1887-Soribor, Polonia, 1942), su experiencia más importante fue viendo y protagonizando las veladas en el Cabaret Simplicissimus (no confundir con varias revistas modernistas y de Vanguardia con el mismo nombre), un local donde se hacían espectáculos de variedades y donde el dramaturgo Frank Wedekind (Hannover, 1864-Múnich, 1918) escandalizaba al público con sus monólogos atrevidos y obscenos. En esos meses también mantuvo una relación bastante tormentosa con van Hoddis, a quien conoció compartiendo escenario en el Cabaret Simplicissimus.
A pesar de ello, Hennings fue arrestada y juzgada en 1911 por un robo que había cometido en Hannover cuatro años antes, por lo que pasó seis semanas encerrada en la cárcel, experiencia que acabaría contando en un libro que fue publicado en 1919.
Desde su salida de prisión, Emmy se acercó mucho a las iglesias católicas de la ciudad bávara, donde hacía dibujos de las figuras de los santos que allí veía y donde llegó a convertirse al catolicismo (en su infancia en su entorno familiar en Flensburg recibió una educación luterana).
En ese contexto conoció también al pintor y grabador Rudolf Reinhold Junghanns (Zwickau, 1884-Zúrich, 1967), con quien mantuvo una relación durante un tiempo y que la representó desnuda en varias ocasiones. Al publicarse los grabados de este en la editorial de Kurt Wolff (Bonn, 1867-Ludwigsburg, 1963), a Emmy Hennings le cerraron las puertas de las iglesias de la ciudad porque empezó a ser vista como fuente de pecado.
El propio editor de los escandalosos grabados de Junghanns se interesó por la obra poética de Hennings, publicando en 1913 su poemario La última alegría, estando tres de ellos dedicados a Hardekopf y muchos otros a la morfina, que era su catalizador.
Nada más publicarse su poemario, un día van Hoddis llegó al cabaret fuera de sí y empezó a romper las fotografías de Emmy Hennings que se vendían allí como merchandising para el público, lo que nos habla de que ella ya era una cantante célebre. El alboroto le causó un gran impacto a Emmy, quien tras ello escapó de Múnich durante unos meses vagando por distintas capitales europeas, dado que estuvo en Polonia, Rusia, París e incluso en Budapest, donde pudo ver los espectáculos que se estaban haciendo en el Cabaret Orpheum, uno de los más importantes de Europa y en el que descubrió al pionero del jazz James P. Johnson (Nueva Jersey, 1894-Nueva York, 1955), quien en aquellos años tocaba ragtime con su banda.
A su vuelta a Múnich, Emmy Hennings se encontró con la persona que le iba a cambiar la vida, que no es otro que Hugo Ball, la otra mitad del futuro Cabaret Voltaire, quien en 1914 apareció en el Cabaret Simplicissimus con un ejemplar del poemario de Emmy con intención de verla cantar y de hablar con ella.
Ball era un personaje bastante peculiar. Venía de estudiar sociología y filosofía en las universidades de Múnich y de Heidelberg y tenía una tesis a medio hacer sobre Friedrich Nietzsche (Röcken, 1844-Weimar, 1900), pero al contrario de lo que sus padres esperaban de él, lo que a él más le interesaba era la poesía y el teatro; eso sí, con una carga de profundidad muy notable tanto a nivel filosófico como moral.
Al poco tiempo, ambos estuvieron compartiendo escenario, y se hicieron inseparables, aunque su relación podría describirse como muy estrecha, pero sin llegar a ser formal tal y como estas se planteaban en la época. De hecho, cuando Hennings volvió a estar de nuevo encarcelada (esta vez por falsificar pasaportes), fue Ball quien la estuvo esperando a su salida. También en estos años la madre de Emmy falleció en Flensburg, de manera que tuvo que hacerse cargo de su segunda hija (el primero falleció a los pocos meses de vida), que había dejado al cuidado de su abuela durante toda su vida y a la que cuidaron los dos desde entonces como si se tratase de una familia convencional.
Asimismo, ambos tenían una férrea posición antibelicista (si bien es cierto que Ball se presentó voluntariamente para ir al frente y no le dieron el apto) y su pensamiento político se podría localizar cerca del anarquismo pese a sus convicciones religiosas, por lo que es lógico pensar que las reacciones del público del Cabaret Simplicissimus tuvieron que ser cada vez más airadas. De ahí que al final ambos acabaran marchándose de Múnich y tras pasar por Berlín en 1915 (donde la cosa no estaba mejor), se fueron a vivir a Zúrich, donde la neutralidad suiza durante la Iª Guerra Mundial favorecía que pudieran vivir con una mayor normalidad.
La idea de trasladarse a Zúrich vino porque Hugo Ball fue invitado por el editor y escritor Walter Serner (Karlovy Vary, 1889-Minsk, 1942) para que participase escribiendo artículos en la revista Der Mistral, invitación que se extendió también a Hennings, al igual que en la revista Die Weissen Blätter, que era una de las revistas más importantes en lengua alemana y en la que publicaban figuras tan relevantes como el poeta Rainer María Rilke (Praga, 1875-Montreux, Suiza, 1926) o el dramaturgo y autor de El Golem Gustav Meyrink (Viena, 1868-Starnberg, 1932).
Después de pasar penalidades porque escribir en revistas no daba para ganarse la vida como sueldo principal, al final acabaron volviendo al mundo del espectáculo de la mano de un empresario llamado Maxim al que le llamaban Flamingo, pero la experiencia no fue muy larga ni acabó bien, ya que en aquel cabaret había más funambulistas y contorsionistas que artistas dramáticos y tampoco tenían el beneplácito del público. Por si fuera poco, al dueño del espectáculo acabaron encarcelándolo por violar a dos contorsionistas, por lo que tanto Ball como Hennings acabaron dejándolo. Ball narró esta experiencia en una novela titulada Flametti o el dandismo de los pobres, que publicó en 1918.
Fue a principios de 1916 el momento en el que Hugo Ball y Emmy Hennings llegaron a un acuerdo con el dueño de una cervecería de Zúrich para que les dejase montar sus propias actuaciones en el escenario del local. La idea era aunar la música, la literatura y las artes plásticas en un mismo espectáculo.
Para ello se anunciaron el 2 de febrero de 1916 en el diario Neue Zürcher Zeitung con un cartel realizado por el pintor polaco Marcel Slodki (Lódz, 1892-Auschwitz, 1944) y fue acompañado por un texto de Hugo Ball que decía lo siguiente:
“Cabaret Voltaire. Bajo este nombre se ha unido un grupo de jóvenes artistas y escritores con la intención de crear un centro de entretenimiento artístico. La idea del cabaret es que artistas invitados vengan y hagan actuaciones musicales y lecturas en los encuentros literarios. Los jóvenes artistas de Zúrich, independientemente de su orientación, están invitados a venir con propuestas, sugerencias y contribuciones de todo tipo”.
Ante este llamamiento se animaron varios artistas como Hans Arp (Estrasburgo, 1886-Basilea, 1966) y su esposa Sophie Taeuber-Arp (Davos, 1889-Zúrich, 1943), él aportando su colección de arte y ella construyó marionetas para que formasen parte del espectáculo.
Aparte, el 5 de febrero, fecha de la primera función del Cabaret Voltaire, encontramos a los cuatro jinetes del Apocalipsis recitando poemas; es decir: Tristan Tzara, Georges Janco, Marcel Janco (Bucarest, 1895-Tel Aviv, 1984) y el también pintor, Max Oppenheimer (Viena, 1885-Nueva York, 1954).
Desgraciadamente no se conservan muchas imágenes de los espectáculos que allí se dieron durante los aproximadamente cuatro meses en los que el Cabaret Voltaire estuvo en activo, pero sí podemos decir que justo ahí nació el Dadaísmo tal y como lo conocemos, porque es el momento en el que se configuró el movimiento con una entidad y un nombre propio, aunque es cierto que hay quien señala que posiblemente la velada expresionista en el Harmonium Saal de Berlín protagonizada por Johannes Becher (Múnich, 1891-Berlín Este, 1958), Richard Hülsenbeck (Frankenau, Hesse, 1892-Minusio, Suiza, 1974), John Höxter y Hugo Ball en mayo de 1915 podría haber sido la primera velada dadá.
Entre las que por fortuna sí conservamos está una litografía realizada por Marcel Janco reflejando la velada del 26 de febrero en el que aparece todo el grupo sobre el escenario. Así, mientras Hugo Ball estaba tocando el piano, Tristan Tzara estaba a la izquierda con los brazos extendidos y a su lado encontramos a Hülsenbeck, Marcel Janco y Emmy abrazada a Hans Arp. Justo al lado de Hugo Ball estaba el Señor Ephraim, el dueño del local con su mandil puesto. No parecía estar muy entusiasmado… Aquella noche Hülsenbeck trajo sus máscaras africanas y unos timbales y recitó sus poemas de negros con un ritmo pretendidamente africano.
Otra de las noches destacadas del Cabaret Voltaire fue la del 30 de marzo, cuando Tristan Tzara, Hülsenbeck y Marcel Janco recitaron al unísono un poema de Hugo Ball en tres idiomas diferentes: francés, alemán e inglés respectivamente, buscando simbolizar la sinrazón de la guerra, donde los obuses de los tres ejércitos interrumpían el diálogo y ninguno de ellos se podía llegar a comunicar.
Del mismo modo, para el mes de mayo prepararon una publicación en la que aportaron poemas grandes autores como Picasso (Málaga, 1881-Mouguins, 1973), Guillaume Apollinaire (Roma, 1880-París, 1918), van Hoddis, Filippo Tommaso Marinetti (Alejandría, 1876-Bellagio, 1944), Kandinsky y también la propia Emmy Henning, entre otros.
La última gran velada fue la del 23 de junio, en la que Hugo Ball apareció en el escenario llevando un traje tubular bastante estrambótico que le había confeccionado Marcel Janco y que pretendía asimilarse al de un obispo, dado que Ball era el obispo de esta nueva fe estética, que era el Dadaísmo.
De esta guisa el propio Ball recitó varios de sus poemas fonéticos o karawane, que eran poemas experimentales en los que el poeta huye de expresar ideas a través de palabras (porque las palabras en un contexto del exterminio de una guerra carecen de sentido), sino que quiso reproducir sonidos aunados de múltiples procedencias, también africanas.
La acogida de esta propuesta no debió de ser nada buena, dado que el dueño del local rompió el contrato pocos días después y la actividad del Cabaret Voltaire cesó para siempre.
Con todo, cerrado el Cabaret Voltaire todavía quedaba el punto final al movimiento dadaísta de Zúrich antes de que este comenzase a atomizarse y a distribuirse por el mundo. Como cierre se celebró una velada dadaísta en el Zur Waag, un salón donde Ball volvió a oficiar de obispo para leer su manifiesto dadaísta y Tristan Tzara estuvo también leyendo poemas.
Del texto de Hugo Ball es importante extractar lo siguiente porque viene a explicar el origen de la palabra dadá:
“Dadá es una nueva tendencia artística. Eso se deduce del hecho de que hasta hoy nadie sabía nada al respecto y que mañana en Zúrich todo el mundo hablará de ello. Dadá viene del diccionario. Es terriblemente sencillo. En francés significa “caballito de juguete”, en alemán “adiós” y en rumano “sí, claro” […] Es una palabra internacional. ¿Cómo se alcanza la dicha eterna? Diciendo dadá. ¿Cómo se hace uno famoso? Diciendo dadá. […] Hasta que uno se vuelve loco y pierde la conciencia. ¿Cómo se puede uno librar del periodismo, de los gusanos, de todo lo agradable y correcto, de la estrechez de miras, de lo moralizante, de lo europeizado y de lo enervante? Diciendo dadá”.
Tras ello los dos se marcharon al Monte Veritá, en Ascona, donde había una comunidad artística y teosófica entre los que se encontraban la bailarina Isadora Duncan (San Francisco, 1877-Niza, 1927), la poetisa Elsa Lasker-Schüller (Wuppertal, 1869-Jerusalén, 1945), Hermann Hesse (Cawl, Alemania, 1877-Montagnola, Suiza, 1962), Erich Mühsam (Berlín, 1878-Oranienburg, 1934) o Rilke.
A principios de 1917 Emmy volvió a Zúrich sin Ball, donde se encontró con Lenin, que era un habitual del Cabaret Voltaire, antes de ir a encabezar la revolución rusa. Según él los dadaístas y los comunistas eran hermanos porque ambos rechazaban la guerra.
En marzo Ball regresó a Zúrich para fundar junto con Tzara la Galería Dadá y en julio empezaron a publicar una revista con el mismo nombre. Desgraciadamente la experiencia salió bastante mal porque no supieron gestionar el negocio y finalmente tuvieron que cerrar (aunque de los dos el que más dinero perdió fue Ball).
A finales de 1917 Emmy empezó una breve relación con el periodista español Julio Álvarez del Vayo (Villaviciosa de Odón, 1891-Ginebra, 1975), momento en el que todavía era cantante de cabaret y a la cuál el periodista describió en su novela La senda roja (publicada en 1928):
“Dominaba todas las formas del cuplé e igual conseguía un efecto banal que una resonancia dramática. Su voz, aniñada de ordinario, tenía un poder comunicativo inusitado. Cuanto hubiese de humano en el auditorio salía a la superficie al conjuro de su arte, lo mismo la lujuria que el ansia de justicia. Cada cual encontraba en ella la verdad que buscaba. Y es que, desde muy chica, había ido incesantemente tras de algo, sin razón concreta, haciendo suyos los dolores, desfallecimientos y vicios de los otros”.
En 1920 esta singular pareja se volvió a reunir, pero esta vez llegaron a casarse en Berna, teniendo al filósofo y ensayista Walter Benjamin (Berlín, 1892-Portbou, 1940) como testigo de la boda. Finalmente entendieron que ellos mismos eran los únicos que se tenían el uno al otro en un mundo tan hostil. Es así como Emmy acabó quedando para la Historia como Emmy Ball-Hennings, pese a que su matrimonio solamente duró cinco años (Hugo Ball falleció de cáncer en 1925) y toda su carrera fuera reconocida con su nombre de soltera.
A partir de aquí el Dadaísmo se expandió por el mundo, porque, ¿quién no conoce el Urinario de Marcel Duchamp (Blainville-Crevon, 1887-Neuilly-sur-Seine, 1968) (cuya autoría ha sido cuestionada últimamente)? ¿Quién no ha visto los merz de Kurt Schwitters (Hannover, 1887-Ambleside, 1948)? ¿Quién no ha oído hablar a estas alturas del happening o de los objets trouvés?
Cuando hablamos sobre Dadaísmo como un movimiento rompedor que buscó hacerle frente a los desastres de la guerra para crear un mundo nuevo y mejor, muchas veces nos olvidamos de que la filosofía y el arte dadá se creó en un bar de Zúrich frecuentado por Lenin, siendo sus creadores grandes desconocidos para mucha gente.
Valoración final:
- Guion
El guion de Fernando González Viñas pone en valor la vida y sobre todo la obra de Emmy Hennings, siendo esto un gran trabajo de documentación ya que es una autora muy desconocida por el gran público.
- Dibujo y color
Gracias al trabajo de José Lázaro se pueden reconstruir los espacios y las escenas donde se produjeron varios de los movimientos de Vanguardia más importantes de comienzos del s.XX.
+ LO MEJOR
- El gran trabajo de documentación a la hora de contar los orígenes del Dadaísmo a través del Café Voltaire.
- El interés por rescatar del olvido a Emmy Hennings.
– LO PEOR
- Que la obra haya tenido un mayor eco en Alemania y los países germanoparlantes que en España.
Aplicación en el aula
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
Trabaja las "GreenComp" en tu aula con cómics gratuitos.
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