
Lee Miller ya lo hizo antes
- publicado por Manuel Fernández Luccioni
- Categorías Blog, Feminismo, Historia, Novela Gráfica
- Fecha 24 de julio de 2025
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- Etiquetas #CómicsconHistoria, Eleonora Antonioni, Geografía e Historia 4º ESO, Historia del Mundo Contemporáneo 1º BACHILLERATO, Lee Miller, Liana Editorial, Novela gráfica
Edición original: Trame libere. Cinque storie su Lee Miller (Sinnos, 2019) |
Edición nacional: Liana editorial, 2021. |
Guion: Eleonora Antonioni |
Dibujo: Eleonora Antonioni |
Color: Eleonora Antonioni |
Traducción: Marta Tutone |
Corrección: Pepe Montilla |
Rotulación y maquetación: Gabriel Regueiro Poza |
Formato: Cartoné, 176 páginas. |
ISBN: 9788412309102 Precio: 20€ (Lee Miller, cinco retratos – Liana Editorial) |
Sinopsis:
En Lee Miller. Cinco retratos, se dan pinceladas sobre la vida de Lee Miller que al mismo tiempo son ligeras pero cargadas de contenido, transmitiéndonos en un sentido profundo todas las vicisitudes por las que tuvo que pasar desde su más tierna infancia.
Así es como conocemos a la rebelde Li-Li, que es como se la conocía en casa cuando era pequeña y tenía que ser cambiada de colegio frecuentemente debido a su mal comportamiento, o el momento en el que empieza su fortuita y casi efímera carrera como modelo, ya que comenzó por una casualidad y fue cercenada a traición.
Si algo demuestra esta historia sobre Lee Miller es que fue una mujer versátil y que quiso y pudo reinventarse varias veces en su juventud, puesto que tras dejar el modelaje acudió a París para aprender fotografía con Man Ray, el gran fotógrafo surrealista del momento, con quien compartió pasión, trabajo, una relación no convencional y tormentosa y el descubrimiento de la solarización, una técnica fotográfica que ambos crearon pero de la que él se apropió durante muchos años para explotarla en beneficio propio.
A pesar de ser un torbellino a nivel laboral, Lee tuvo un primer parón profesional (que no artístico) cuando se casó con Aziz Eloui Bey, un empresario egipcio con quien se fue a El Cairo, un lugar donde no se supo acomodar. A los pocos meses ella volvería a París, que era el lugar donde ella se encontraba en su salsa como una más de los y las surrealistas, como el ya citado Man Ray, Paul Éluard, Picasso y Leonora Carrington y Max Ernst. En este momento es cuando conoce al crítico de arte Roland Penrose, biógrafo de Picasso y su pareja más duradera a lo largo de su vida.
No obstante, la actividad más trascendente la desarrolló Lee Miller como fotoperiodista de guerra, ya que en plena II Guerra Mundial, además de hacer reportajes sobre los efectos de los bombardeos nazis en Londres, Lee llegó a enrolarse como fotorreportera en el campo de batalla, cubriendo el bombardeo de Saint-Malo en agosto de 1944 tras el desembarco de Normandía y siendo la primera reportera que cubrió la liberación del campo de concentración de Dachau en Baviera. Esta labor es la que ha quedado más opacada de toda su trayectoria, siendo posiblemente la más importante de todas ellas.
Es esta por tanto una obra necesaria no solamente para redescubrir la importancia capital que tuvo Lee Miller durante la primera mitad del s.XX, sino también para poner en valor la contribución de las mujeres en las sociedades de este tiempo, verdaderos referentes para las generaciones del presente y del futuro.
Contexto histórico:
Mucho más que una cara bonita.
Elisabeth, “Li-Li”, Miller (Poughkeepsie, Nueva York 1907-Chiddingly, Sussex, 1977) era la hija mediana de tres hermanos, una chica rubia y espigada y de facciones muy refinadas. Era la hija favorita de su padre, Theodore Miller (1871-1971), un ingeniero mecánico aficionado a la fotografía que cosechó mucho éxito como inventor y hombre de negocios, por lo que pudo darles a sus hijos todas las facilidades a nivel de formación y acceso a un estilo de vida más que sofisticado.
Por otra parte, mucho se ha debatido sobre el carácter caprichoso y altivo que tenía la joven Li-Li y siempre se ha justificado a través del tópico de ser una hija malcriada por su padre, pasándose muy de puntillas por un hecho que bien pudo marcarle la vida, puesto que a los siete años fue violada en la casa de un conocido de la familia que vivía en Brooklyn (otras versiones hablan de un cuidador) y que le transmitió la gonorrea, lo que seguramente afectó a la joven Lee Miller durante la pubertad, años en los que fueron frecuentes los cambios de colegio porque Li-Li se mostraba rebelde y no encajaba con las normas de ningún centro escolar.
Otro asunto que es fundamental a la hora de abordar la vida y obra de Lee Miller es que su contacto con la fotografía fue muy temprano, ya que su padre le puso en sus manos una Kodak Brownie cuando ella tenía 10 años (1917) para que empezase a tomar sus propias fotografías. Se entiende que la aproximación de la joven Lee y de sus hermanos a dispositivos como este estaba mucho más normalizada que la de cualquier niña norteamericana promedio de la época.
De la estrecha relación con su padre y con la fotografía también surge algo que se nos antoja muy turbio, ya que desde sus ocho años (December Morn, 1915) y hasta su veintena, Theodore Miller fotografió a su hija desnuda en diferentes contextos con propósitos supuestamente artísticos (al menos eso decía él) pero que a los ojos del siglo XXI no deja de ser bastante perturbador. Evidentemente algún tipo de influencia tuvo que tener sobre la percepción que la joven Li-li tenía de su cuerpo y de la sexualidad, aunque no hay ningún testimonio de ella sobre esta etapa de su vida. Estas circunstancias también se han utilizado a posteriori como argumento para sospechar sobre la identidad del violador de Li-li cuando esta tenía siete años. Sobre este episodio existe una pieza teatral de Jan Lauwers (Amberes, 1957- ) titulada Lee Miller in Hitler’s Bathtub donde en parte se explora esta relación paterno-filial.
Por otra parte, el 29 de mayo de 1925 la joven Elisabeth se embarcó rumbo a París, la ciudad que cambiaría su vida, siendo el lugar donde por primera vez se sintió verdaderamente en casa. Allí pudo ver la Exposición Universal de ese año y logró convencer a su padre para que la dejase estudiar durante un año en la École Medgyés para aprender sobre iluminación, vestuario y diseño vinculado al teatro. Había encontrado por fin el espacio de experimentación que desearía explorar en los próximos años.
Al volver a los Estados Unidos en 1926 vuelve con la determinación de seguir experimentando, en este caso en el teatro experimental del Vassar College dirigido por Hallie Flanagan (Dakota del Sur, 1890-New Jersey, 1969) y en el Art Students League en Manhattan, donde aprendió tanto dibujo como pintura.
Su destino dio un vuelco cuando meses después, mientras trabajaba como bailarina, fue salvada de ser atropellada por Condé Montrose Nast (Nueva York, 1873-Nueva York, 1942), el magnate editorial que controlaba al mismo tiempo publicaciones como Vanity Fair, Vogue y The New Yorker. Así es como Li-Li acabó saltando a la portada de la edición británica del Vogue en marzo de 1927 ilustrada por el autor francés George Lepape (París, 1887-Bonneval, 1971).
No obstante, su fulgurante carrera como modelo para la revista Vogue fue mucho menos larga de lo esperado porque uno de los fotógrafos con que trabajaba asiduamente, Edward Steichen (Bivange, Luxemburgo, 1879-Connecticut, 1973), vendió una imagen suya a Kotex, una empresa de compresas, siendo Lee la primera mujer cuya imagen quedó asociada a este producto, lo que produjo un notable escándalo porque la sociedad norteamericana de los años ’20 era moralmente mucho más victoriana que la sociedad inglesa de esos mismos años. Con todo, aunque no podemos hablar de una cancelación de Lee Miller como modelo, sí que a ella le sirvió para darse cuenta de que debería probar otras alternativas profesionales más allá del modelaje.
En ese sentido, Lee Miller acude a París para formarse en aquello que siempre había formado parte de su vida, pero a lo que no se había dedicado profesionalmente, que era la fotografía. Quería aprender de uno de los fotógrafos de mayor prestigio del momento, como era Emmanuel Radnitzky, comúnmente conocido como Man Ray (Philadelphia, 1890-París, 1976), uno de los grandes exponentes del dadaísmo y del surrealismo, quien la aceptó a regañadientes como aprendiz en un principio, pero que al poco tiempo además de su colaboradora sería su amante y su musa, como puede observarse en la célebre obra de Ray Les Larmes.
Estando trabajando en el estudio de Man Ray, ambos descubrieron de forma casual la técnica de la solarización (que consiste en obtener imágenes en blanco y negro con los tonos parcial o totalmente invertidos), que es algo que habitualmente se le atribuye exclusivamente a él porque es quien más explotó la técnica a través de su trabajo y porque Lee en aquellos años no firmaba sus obras como propias, ya que era la asistente de Man Ray. Del mismo modo, en los años en los que estuvo realizando fotografía de moda en el estudio de él “a la manera de Man Ray” mientras este se dedicaba a pintar, dichas fotografías también se atribuyeron sin dudar al corpus fotográfico de él, siendo esta desambiguación una cuestión que se viene reclamando desde hace unos años para poder descubrir realmente qué fotografías hizo Lee Miller mientras estuvo trabajando para Man Ray.
Este periodo de aprendizaje, por así llamarlo, terminó en 1932, cuando Lee rompió su relación laboral y amorosa con Man Ray (él no se lo tomó nada bien) y se marchó a Nueva York, donde abrió su propio estudio junto con su hermano Erik Miller, que ya tenía experiencia previa y que trabajó con ella como asistente en el cuarto oscuro. Pronto tuvieron una clientela selecta, llegando a colaborar con firmas importantes de la época como Elizabeth Arden, Helena Rubinstein o Saks Fith Avenue.
Es en este momento en el que Lee Miller tiene una plena conciencia de su actividad como fotógrafa, puesto que en una entrevista en el Poughkeepsie Evening Star declaró que la fotografía era “perfectly suited to women as a profession… it seems to me that women have a bigger chance at success in photography than men… women are quicker and more adaptable than men. And I think they have an intuition that helps them understand personalities more quickly than men” [“está perfectamente adaptada a la mujer como profesión (…) me parece que la mujer tiene más oportunidades de éxito en fotografía que el hombre (…) porque las mujeres son más rápidas y se adaptan mejor que los hombres. Y pienso que tener intuición ayuda a entender más rápido las personalidades que en el caso de los hombres”].
Asimismo, Lee Miller ese mismo año empezó a participar en varias exposiciones colectivas de fotografía en los Estados Unidos, como la celebrada en la Julien Levy Gallery y titulada Modern European Photography y la celebrada en el Brooklyn Museum, titulada International Photographers, en ambos casos junto a los fotógrafos y fotógrafas de mayor renombre de su tiempo, como André Kertész (Budapest, 1894-Nueva York, 1985), Walker Evans (Missouri, 1903-Connecticut, 1975), Tina Modotti (Údine, 1886-Ciudad de México, 1942), Edward Weston (Illinois, 1886-California, 1958) o Cecil Beaton (Hampstead, 1904-Wiltshire, 1980) entre otros.
Al mismo tiempo participó como figurante en la película del realizador surrealista Jean Cocteau La Sang d’un Poète (La sangre de un poeta), en la que interpretaba a una estatua que cobraba vida.
Esta etapa como fotógrafa profesional independiente terminó en 1934 cuando Lee se casó repentinamente con el ingeniero y empresario egipcio Aziz Eloui Bey (1890-1976) que estaba en Nueva York comprando equipamientos para la Compañía Nacional de Ferrocarril de Egipto. Al principio de su relación Lee hizo cursos de química y de árabe. También viajó por el desierto para fotografiar las pirámides y el propio desierto, que le producía calma y era un reto para ella a nivel estético.
De hecho, de su trabajo en el desierto se ha considerado que su obra Portrait of Space (1937) fue la fuente de inspiración para la pintura de Magritte Le baiser (1938).
Pese a que materialmente no le faltaba de nada, a Lee la vida en El Cairo con Aziz no le llenaba en absoluto y a los pocos años de estar allí le pidió que le diera libertad para poder viajar y conocer mundo, que es lo que a ella realmente le interesaba. Así es como en 1937 vuelve temporalmente a París, donde se reintegra con sorprendente rapidez en los círculos artísticos más asentados. Es en este círculo de amigos artistas en el que estaban Man Ray, Picasso (Málaga 1881-Mouguins, 1973), Dora Maar (Tours, 1907, París, 1997), Paul Éluard (Saint-Denis, 1895-Charenton-le-Pont, 1952) o Nusch Éluard (nacida Marie Benz) (Mulhouse, 1906-París, 1946) entre otros, es donde Lee conoció al artista, crítico de arte y ensayista británico Roland Penrose (Londres, 1900-Sussex, 1984), con quien empezó una relación fuera del matrimonio.
Con Roland viajará en 1939 por la Europa de los Balcanes y del Este, con destinos como Grecia, Bulgaria y Rumanía, llegando a la conclusión de que debía romper con Aziz para empezar su nueva vida con Roland, y así lo hizo, por carta… Tras ello se fue a vivir a Downshire Hill, en el barrio londinense de Hampstead, donde pasaría toda la II Guerra Mundial (1939-1945).
Durante el conflicto, Lee Miller tuvo una posición muy comprometida desde el punto de vista democrático, porque desde los primeros meses de la guerra formó parte del London War Correspondents Corp., y desde 1940 comenzó a realizar fotografías de los efectos de la guerra en Gran Bretaña, como el terrible Blitz, que fueron los bombardeos continuos que los nazis efectuaron en las ciudades inglesas entre septiembre de 1940 y mayo de 1941.
Precisamente en ese contexto ella participó en un proyecto titulado Grim Glory: Pictures of Britain under Fire que pudo verse publicado en la British Vogue, que reforzó por una parte el papel de las mujeres en la guerra y, por otra, dotó a la revista de una utilidad pública que hasta entonces no tenía, puesto que era considerada por la opinión pública como una publicación bastante trivial. Asimismo, fotografías como Model Elizabeth Cowell wearing a Digby Morton Suit (a design for utility clothing) con un hondo sentido de resiliencia, sirvieron para que el estado de ánimo general no desfalleciera en los peores momentos de la guerra en Inglaterra.
Del mismo modo, a partir de 1942 Lee Miller fue acreditada como corresponsal por parte de la US Army para las publicaciones gestionadas por Condé Nast (principalmente para la revista Vogue en todas sus versiones internacionales).
Así es como surgió el reportaje “Night Life Now”, donde mostraba la vida de las trabajadoras del Auxiliary Territorial Service después de su jornada de trabajo. Con estos trabajos la revista Vogue fue calando cada vez más como una “publicación seria” entre la población inglesa.
Por si fuera poco, en el contexto de la Operación Overlord, más conocida como el Día-D (6 de junio de 1944), Lee Miller acudió como fotorreportera a Saint-Malo, lugar donde en agosto todavía seguía estando defendida por los nazis y que es el lugar donde Lee realizó las primeras fotografías que hay de bombardeos de napalm, realizados por las fuerzas norteamericanas.
Además, ella tenía expresamente prohibido estar en zona de combate por el hecho de ser mujer, de forma que al pillarla le costó varios meses de arresto domiciliario y limitación severa de sus movimientos. Para ese momento ella ya había tomado buena nota del jolgorio de la ciudad al ser liberada y las represalias que tomaron con los franceses colaboracionistas con los nazis, especialmente con las mujeres, a quienes vejaban en público y les rapaban el pelo.
Posteriormente estuvo en París tras la liberación de la ciudad el 19 de agosto de 1944 (puedes leer un artículo sobre este tema pinchando en el siguiente enlace: «Luchar contra el fascismo me pareció tan necesario como respirar»), momento en el que empezó a trabajar con el fotorreportero del Life magazine David E. Shermann (Nueva York, 1916-Nueva York, 1997), con quien compartió todo el final de la guerra. También pudo entrevistar a Colette (Saint-Sauveur-en-Puisaye, 1873-París, 1954), la célebre escritora francesa y reencontrarse con Picasso, a quien no veía desde antes de que empezase la guerra.
Tan pronto como pudo, Lee Miller reemprendió su camino como fotorreportera, de forma que fue siguiendo los pasos del ejército norteamericano en su avance hacia Alemania. Así es como en el invierno de 1944-1945 estuvo cubriendo la Operación Nordwind, momento en el que estuvieron detenidos en Alsacia porque la copiosa nieve caída no permitía que los tanques pudieran avanzar.
Eso sí, en los siguientes meses ella y David E. Shermann fueron testigos de la liberación de los campos de concentración y exterminio nazis, como el de Buchenwald el 11 de abril o el muy significativo de Dachau el 29 de abril, donde todavía había prisioneros completamente desnutridos y que fue una sacudida emocional para nuestra fotógrafa.
De hecho, la división en la que se encontraba fue la encargada de ocupar Múnich, por lo que ambos tuvieron la oportunidad de acceder a la casa de Hitler en la ciudad. Allí es donde David E. Shermann realizó la fotografía más simbólica de Lee Miller, en la que aparece ella misma bañándose en la bañera de Hitler (Braunau am Inn, Austria, 1889-Berlín, 1945) con la idea de limpiar su espíritu del oprobio de los campos de concentración y exterminio nazis. Todo el atrezzo como la fotografía de Hitler y la escultura de la mujer lo sacaron de otras habitaciones de la casa del dictador. En algún texto posterior Lee Miller reconoció haber dormido esa noche en la cama de Eva Braun (Múnich, 1912-Berlín, 1945).
Una vez acabada la guerra, Lee Miller estuvo enviando telegramas a la editora del British Vogue, Audrey Withers (Hale, 1905-Londres, 2001), en el que la imploraba que publicase sus fotografías sobre los campos de concentración y exterminio nazis porque existía entre la opinión pública la existencia generalizada de que lo que se decía de ellos no eran más que bulos (de aquellos polvos, estos lodos). “I IMPLORE YOU TO BELIEVE THIS IS TRUE!” [“¡TE SUPLICO QUE CREAS QUE ESTO ES VERDAD!”], le dijo explícitamente Lee Miller en uno de estos telegramas, pero desafortunadamente sus fotografías de Buchenwald y Dachau no vieron la luz hasta varias décadas después.
El último acontecimiento que Lee Miller cubrió sobre la guerra fue el fusilamiento del ex-primer ministro húngaro Ladislao Bárdossy (Szombathely, 1890-Budapest, 1946) y varios de sus colaboradores políticos en el gobierno colaboracionista con los nazis, que fueron ejecutados el 9 de enero de 1946 en Budapest.
Tras ello, Lee y Roland Penrose viajaron a California, donde se encontraron con Man Ray. Este se quedó muy sorprendido porque Lee por entonces ya estaba visiblemente embarazada de Antony y aún seguía casada con Aziz, por lo que tuvo que acelerar el divorcio con el empresario egipcio para poder casarse con Roland Penrose el 3 de mayo de 1947 y antes del nacimiento de Antony Penrose (Londres, 1947- ).
Desde entonces Lee Miller se convirtió en Lady Penrose y su rol como madre fagocitó a la artista y fotógrafa que había sido. También tuvo mucho que ver que tras la guerra Lee padeció estrés postraumático (TEPT) y depresión posparto tras alumbrar a su hijo Antony. Desgraciadamente, a todos estos ingredientes hay que incluir que durante los siguientes años Lee Miller padeció una fuerte adicción al alcohol de la que pudo salir adelante con tratamiento unos años después. Finalmente, no hay que perder de vista el affaire que su marido Roland Penrose tuvo con la joven trapecista Diane Deriaz y del que Lee era conocedora…
El resultado de todo ello fue la práctica anulación de la personalidad artística de Lee Miller durante las últimas décadas de su vida, ya que todas las fotos trascendentales que hizo las guardó en cajas de metal y las únicas fotografías que hizo fueron las que acompañaban a las biografías de Picasso y Tàpies (Barcelona, 1923-Barcelona, 2012) que su marido escribió y publicó en aquellos años. Eso sí, Lee se convirtió en una experta cocinera porque le repateaba que en Inglaterra se dijera que las norteamericanas no sabían cocinar, por lo que se afanó en demostrar lo contrario. De hecho, sus recetas se hicieron famosas en el entorno de amistades de la familia Penrose.
Debemos imaginarnos la gran sorpresa que le supondría a Antony Penrose cuando una vez fallecida su madre en 1977 a causa de un cáncer de pulmón, descubrió todas sus fotografías, su documentación, sus cartas, de manera que aquella mujer que tanto le quiso y tan bien cocinaba no era solamente importante por el hecho de ser su madre, sino que era una de las figuras más importantes de la cultura anglosajona durante el siglo XX y nadie hablaba de ella después de muerta.
Gracias a su labor de recopilación, catalogación, conservación y difusión de su obra, Lee Miller es hoy quien es y nosotros podemos disfrutar de su legado. En 2003 en el 21 de Downshire Hill se colocó una placa conmemorativa dedicada a ella y a su padre, fruto de muchos años de recuperación de la artista y fotógrafa norteamericana. En la actualidad todos sus trabajos pueden encontrarse en el portal Lee Miller Archives, que fue creado por Antony Penrose para el mayor conocimiento colectivo del trabajo de su madre.
Valoración final:
- Guion
El guion de Eleonora Antonioni condensa perfectamente la vida y obra de Lee Miller y anima al lector o lectora a que tenga curiosidad por saber más de ella.
- Dibujo y color
La estética de la propia Eleonora Antonioni se adecúa perfectamente a la estética de la propia Lee Miller, siendo un homenaje muy completo a su figura.
+ LO MEJOR
- La puesta en valor de una figura como Lee Miller, trascendental para entender el arte, la fotografía y el fotoperiodismo de la primera mitad del s.XX.
- El formato es muy sencillo de leer e invita a segundas y terceras lecturas de la novela gráfica.
– LO PEOR
- Que la figura de Lee Miller todavía siga lastrada por el silencio al que estuvo condenada durante décadas y que todavía no se la haya valorado tanto como se merece.
Aplicación en el aula...
Resulta una lectura indispensable para el alumnado de Geografía e Historia de 4º de la ESO y de la Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato no solamente porque pone en valor el rol de las mujeres en el siglo XX, sino porque Lee Miller es una figura que es históricamente relevante
Para aprender más...
Profesor de Geografía e Historia. Apasionado por la Historia del Arte y por las novelas gráficas.
El día 1 de cada mes os traeré una nueva reseña de novelas gráficas históricas en la sección #CómicsconHistoria.
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